Reclamo vecinal por moscas y olor nauseabundo en distintos barrios de Luzuriaga

Reclamo vecinal por moscas y olor nauseabundo en distintos barrios de Luzuriaga
Según los vecinos, la situación empeoró. Las empresas dicen que es un área permitida para desarrollar sus actividades, mientras que el municipio declaró "emergencia ambiental".

"Hay veces que me gasto un aerosol entero para matar moscas en un sólo día y no se van. Por si fuera poco, el olor que salen de los mataderos no se aguanta. Y, con los calores, se va a poner mucho peor", resume, indignada, María de Bullaude, una vecina del barrio San Eduardo, ubicado en Luzuriaga. Mientras tanto, la Comuna ya declaró el área en “emergencia ambiental”, a través de una ordenanza, hace dos semanas.

Y, aunque la Municipalidad fue la que permitió urbanizar el lugar donde había actividad industrial, promete revertirlo, con más control y sanciones.

Ocurre que la invasión de moscas que provienen de las tres empresas avícolas ubicadas en esa área del deparatmento, sumado al olor nauseabundo que emergen noche y día de los dos mataderos y frigoríficos situados sobre calle Alsina (entre Gutiérrez y Luzuriaga) cada vez complican más la calidad de vida de los vecinos.

Algunos de ellos padecen ambos problemas desde hace más de cinco años, aunque aseguran que la situación ha empeorado en los últimos tres o cuatro años.

“Las moscas nos están comiendo vivos”, agrega María de Ballaude, mientras su vecina, Graciela Orozco, asegura que desde que llegó al barrio, hace tres años, no puede salir a comer en el patio por la cantidad de moscas. “Tengo todas las ventanas y puertas cerradas. No entra luz a la casa porque entran las moscas. En la mañana no se puede estar. No me dijeron que era sí. Sigo acá porque es un barrio tranquilo, si no fuera así, ya me hubiera ido”, señaló Orozco, mientras muestra las telas mosquiteras instaladas en todas las aberturas de su casa.

Pedro, el carnicero del mismo barrio, asegura que todos los días combate las moscas, aunque el esfuerzo es en vano. “Cierro todos los vidrios, pongo insecticidas que no sean tóxicos, de todo, pero no se van las moscas, es un problema. Yo trabajé aquí años atrás y no era tan grave como ahora”, contó.

Liliana, del barrio Ferroviario, aseguró: “El problema se potenció este año porque no hubo frío intenso y las crías de mosca siguieron repreoduciéndose como si nada. En el verano, no se qué vamos a hacer”.

Queja generalizada

Los vecinos, que habitan en varios barrios de la zona, ya tuvieron un par de reuniones con el intendente Alejandro Bermejo, quien prometió actuar “inmediatamente” para evitar que la situación empeore. Sin embargo, los mataderos (San Javier y Vildoza), más las tres avícolas (Brugnoli, Zaragoza y La Castellana) continúan desechando residuos tóxicos y sangre animal que no hacen más que fomentar la invasión de insectos y generar un mal olor permanente, que se expande por varios kilómetros a la redonda, según pudo constatar este lunes este diario en una recorrida por la zona: barrio San Eduardo, Barrio Antártida, Ferroviarios, Jesús Nazareno y el Arco Iris.

El argumento por el cual estas empresas continúan trabajando normalmente es que hace varias décadas se instalaron en esa zona de Maipú, justamente porque está definida desde hace varias décadas como área industrial y no residencial.

Desde el frigorífico matadero San Javier, personal de mantenimiento aseguró este lunes que la semana pasada “se hicieron inspecciones” en el lugar con personal del SENASA (organismo nacional a cargo de controlar la calidad en la producción alimentaria). “No hicieron un acta porque funciona todo bien. Esta era una zona industrial, siempre hubo mal olor. El problema es que permitieron que venga gente a vivir aquí”, contó un empleado.

En esa línea, otro empleado del matadero Vildoza SA, contó que la empresa “lleva décadas trabajando y faenando con todos los controles de calidad”.

Multas y promesas de la comuna

No es lo más lógico que haya crecido la oferta inmobiliaria en el carril Saenz Peña, Urquiza y sus alrededores, ya que la actividad empresarial es grande.

Consultado por este diario, el intendente de Maipú, Alejandro Bermejo, aseguró que la zona “creció mucho demográficamente y no podemos dejar de urbanizar el departamento”. También indicó que “el municipio está trabajando fuertemente para revertir la situación” en todos esos barrios aledaños a las grandes avícolas y mataderos de la zona.

Una de las medidas, según contó Bermejo, es que hace quince días el Concejo Deliberante aprobó una ordenanza declarando “emergencia ambiental” en el lugar.

Al mismo tiempo, la comuna firmó un convenio con la UNCuyo; también con el centro de investigaciones de Maipú y con pasantes de la carrera de Ciencias Ambientales para intensificar controles y desarrollar informes que ayuden a desarraigar las moscas.

“Le hicimos una multa de 10 mil pesos a la Olivícola La Castellana por prácticas poco higiénicas y, si, continúa así, podríamos prohibirle el ingreso de nuevas camadas de ponedoras en ese lugar”, dijo, aleccionador, el intendente.

A corto y mediano plazo, desde la intendencia aseguran que es posible “una mejor convivencia” entre el área industrial y la residencial de ese departamento. De hecho, los convenios con diferentes instituciones podrían demandar informes sobre las prácticas de calidad a cada una de las empresas que hoy están señaladas como problemáticas.

Pero el sueño del jefe comunal, que desde hace años viene permitiendo el asentamiento de miles de familias en el lugar, apunta a modificar la zona industrial y trasladarla aún más lejos. Esto, si se incluye el tema en la ley de Ordenamiento Territorial, sancionada en 2009 y que, con muchos incumplimientos de plazo, está aún muy lejos de ser aplicable por el Ejecutivo provincial.

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