El rédito político, por ahora, es para Sapag

El rédito político, por ahora, es para Sapag
El gobernador neuquino, Jorge Sapag, no demoró en firmar el decreto en adhesión a la norma nacional que promociona inversiones petroleras con exenciones impositivas.
Ratificó así que por el momento lleva la iniciativa en un tema que atraviesa de manera destacada la actual campaña electoral.

“La nueva situación del país coloca a Neuquén en una situación de privilegio para atraer la mayor cantidad de inversiones para el fomento de la industria hidrocarburífera”, dice el decreto de adhesión. La referencia es al paso que sigue, que será el aval para el “50-50” de YPF con Chevron, el “acuerdo comercial” enaltecido por el gobierno nacional y criticado por la oposición, con espejo en una situación análoga en Neuquén.

¿Cómo se beneficia Sapag con su determinación de seguir adelante en el rumbo asociado a YPF y el gobierno de Cristina Fernández? Ahora es más obvio que nunca: el rédito de una inversión de poco más de 1.200 millones de dólares será evidente en el corto plazo; sus presuntas implicancias negativas, en cambio, se verán -de ser así- en el mediano y largo plazo.

Sapag, que apostó a futuro cuando asumió en el 2003 al enfatizar el eje de su política en las potencialidades no convencionales del sector hidrocarburos, empieza a entrar en su presente. La oposición al MPN le hace el juego casi mecánicamente, con críticas que no salen de lo obvio, lo previsible, y que en ningún caso amenazan el rédito inmediato que puede conseguir, ahora con cierta facilidad después de haber dado el primer paso, el gobierno de Sapag.

La oposición recurre al pasado (Stándar Oil, Mosconi, Perón, Frondizi, etc) para atacar a una multinacional estadounidense; el oficialismo, tanto provincial como nacional, responde con un concepto difícil de discutir: se consiguió una inversión que redundará en más producción y más trabajo.

La oposición encuentra un problema: debe ilustrar con el pasado y el futuro, frente a una posición presente. Es un problema de enfoque y comunicación: cómo marcar la diferencia y criticar lo que se ha hecho, sin caer en la trampa de ser acusados de poner palos en la rueda del progreso, o de sucumbir al gataflorismo, como ya lo ha dicho la propia Presidente.

Haciendo abstracción de lo bueno y lo malo que tiene el acuerdo entre YPF y Chevron, el resultado, la consecuencia política, por ahora, es favorable para Sapag.

La oposición deberá revisar discursos para no caer en la imposibilidad de criticar lo que aparece como beneficioso. Y precisar, tal vez con mayor moderación, el enfoque dentro de la actual situación energética, que es compleja y deficitaria.

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