Ramón Superstar

Ramón Superstar
Por Daniel Avellaneda.

Los jugadores se sienten atrapados por el magnetismo del riojano. “Nos sacó presión”, admite la mayoría.

Detrás de ese portón enrejado, parecen encarcelados por la pasión. Empujan sus rostros contra los barrotes rojos y blancos, estiran sus brazos, gritan desencajados. Y aunque tienen todo el horizonte a sus espaldas, se sienten presos del magnetismo de Ramón. No hay feriado que valga. Tampoco, esos cuarenta grados que devuelve el sol sobre el asfalto de la ruta 205. Es que el Pelado atrapa. No sólo a esos cincuenta hinchas (hombres, mujeres, niños y niñas) que desatan un carnaval de autógrafos y testimonios fotográficos cuando el técnico decide bajar de su camioneta 4x4 y someterse al cariño popular. También, a los jugadores, esos mismos que no dejan de hablar maravillas del entrenador más ganador de la historia millonaria.

Este Ramón Superstar sacudió con su música ganadora Núñez y sus alrededores. Movilizó a las masas riverplatenses en Tandil, Mar del Plata, Mendoza y Córdoba y convocó en Ezeiza, a tal punto que su hijo y mano derecha, Emiliano, tuvo que esperar un cuarto de hora para abandonar el predio. Recién pudo hacerlo cuando el líder de la familia Díaz movió su vehículo, luego de firmar camisetas, eternizarse en postales digitales y hasta recibir palmaditas en la cabeza. Quizá, alguno, cree que el Pelado es un talismán, que trae suerte.

Los futbolistas, al menos, derrochan admiración por el entrenador que les cambió el chip. Queda claro en las charlas con la prensa. “He tenido buenos técnicos, todos me han dejado algo. Pero Ramón tiene una mentalidad ganadora y eso lo sabe transmitir.

A nosotros, nos llega y ha hecho que podamos contagiarnos de eso”, cuenta Ariel Rojas, uno de los jugadores con mejor rendimiento este verano, vital en el último Superclásico y ante Belgrano, también en Córdoba, aquel que empezó a definirse con el zurdazo demoledor de Leonel Vangioni.

Y a propósito del ex lateral-volante de Newell’s, dice del entrenador que le echó el ojo: “ Ramón me da mucha confianza, ganas de seguir creciendo.

Desde que llegué, me hizo sentir muy cómodo y todo se me hizo más fácil. Desde el primer día que me puse la camiseta, sentí como si hubiera jugado en River durante muchos años”. Ese sentimiento de pertenencia, a fin de cuentas, expresa el entrenador. A cada paso. Y está en todos los detalles. Hasta en la disposición de las butacas del micro que traslada a los jugadores. El propio Pelado se comunicó con el gerente de la empresa de transportes para que modificara la estructura del ómnibus, que a partir de los próximos viajes tendrá asientos enfrentados, mesas plegables, ideales para jugar a las cartas, y hasta una cocina.

“Ramón es un técnico que te saca la presión. Tiene espalda y eso es importante para los jugadores. De esa forma, jugamos más liberados y podemos enfocarnos en el objetivo que tenemos todos, salir campeones. Ya no se habla del promedio del descenso ni de sumar 30 puntos y eso es algo muy bueno, para destacar”, reflexiona Carlos Sánchez. Y aporta Jonathan Bottinelli, que conoce a Díaz desde su época compartida en San Lorenzo, haciendo un paralelismo con Matías Almeyda, el entrenador anterior: “ Los jóvenes tienen mayor respeto por Ramón, que es más distante. Por ahí, Matías, al haberse retirado tan poco tiempo atrás, era uno más de nosotros. No se notaba tanto la diferencia”. Y agrega: “ Ramón es un técnico ganador y muy exigente. Y se siente cómodo porque esta es su casa”.

En ese sentido, Carlos Luna, autor del gol que cerró el partido en Córdoba y que por pedido del riojano se quedará en River a pesar del interés de Tigre, dice: “ Con Ramón estamos más motivados.

Nos tiene a todos con el dedito ahí (sic)”. Y es cierto. La distancia generacional con el técnico es importante. Y cuando habla, cuentan en su entorno, “no se escucha ni un susurro”. Celoso de los horarios y el descanso del plantel, ningún jugador se anima a discutirle su capacidad de liderazgo. Como tampoco, esa tobillera que se asoma sobre su pie derecho, aquel que se esguinzó en la pretemporada.

¿Dolor o cábala crónica?

Sólo Ramón lo sabe.

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