Ramón, el hombre que sobrevive en la calle

Ramón, el hombre que sobrevive en la calle
Tiene 67 años y desde los 16 que subsiste sin pertenecer a ningún lado. Sufrió dos desalojos. El Gobierno tuvo que recurrir a la Justicia para que recibiera asistencia sanitaria.
La historia de Ramón Orozco (67) volvió a tomar estado público. Esta vez por la decisión del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia de pedir la intervención de la Justicia para que el hombre "sin techo", se sometiera a una revisión médica que comprobara si su estado de salud podía soportar las bajas temperaturas de los últimos días, ya que presentaba un estado febril y se negaba a trasladarse a un refugio de adultos mayores.

Pero para entender la decisión de Ramón basta con hacer un repaso de su vida. Hace unos días estuvo en el centro de la escena cuando los vecinos de la zona donde vive -en un ranchito que él mismo armó en el predio ubicado en Perú y Videla Correa, de ciudad- salieron a defenderlo cuando personal de la Municipalidad de Capital intentó desalojarlo por segunda vez. Según cuentan, una topadora arremetió con todas sus cosas, tiró su carpa y rompió parte de los muebles que forman su "vivienda". La intención era moverlo tan sólo unos 100 metros, porque el espacio que ocupaba fue vendido a un privado.

Ramón tuvo que rescatar lo que le quedó para armar todo de nuevo. Y así, la experiencia volvió a repetirse, sólo que hace dos años fue peor. Es que durante diez años vivió en los galpones de ferrocarril del Parque Central. Ahí tenía su casa, su baño, cocina y dormitorio. Era considerado el sereno del lugar y además trabajaba como jardinero y albañil en las torres de España casi Pellegrini.

"Un día volví y estaba todo cerrado con candados. No pude recuperar nada, ni siquiera las herramientas que tenía", recuerda el hombre. La medida de aquel entonces respondía a que el lugar tenía que ser desocupado porque iban a empezar las obras para construir La Nave Cultural.

Dejarse ayudar

Pese a todo siguió adelante. Sabe cómo desenvolverse porque asegura que vive en la calle y trabaja desde los 16 años. Aunque nada hubiera sido posible sin la ayuda de los vecinos. Ellos fueron los encargados de gestionarle su documentación y hasta la jubilación. Desde entonces, siempre hay alguien que pasa para ver si él, sus perros y gato, que son su familia, necesitan algo.

De hecho, hay un grupo que está gestionando un terreno para que pueda instalarse en La Favorita, en el oeste de Ciudad, y vivir protegido junto con sus animales. "Es lo único que necesito. Para lo demás, me las arreglo, porque soy albañil y tengo amigos que me ayudarían a construir mi casa", agrega a cuenta gotas, ya que al hombre no le gusta hablar mucho.

Quienes lo conocen aseguran que es tranquilo, bueno y limpio. "Nunca está metido en problemas ni pide nada. Es increíble el amor que le tiene a sus perros y a la gata. Siempre les compra comida. Acá todos los políticos se acercan con promesas, pero nunca han cumplido nada", dice una vecina que lo conoce desde hace tiempo.

Esa familia que formó Ramón es la que hace que tome decisiones que involucren el bienestar de sus animales. "No se mueve sin ellos, por eso no quiere ir a los refugios. Además tiene miedo de llegar después de pasar la noche en otro lado y encontrarse con que le han robado sus cosas. Acá tiene su cama, frazadas, ropa, todo", explica otra de las vecinas que llegó al lugar.

Mientras este diario estuvo charlando con Ramón, en menos de una hora se acercaron tres vecinos para preguntarle cómo andaba o para llevarle algo de plata y comida. Pese a esto, Ramón recalca que vive con su propio dinero. "Unas pocas veces me ha pedido plata, pero me la devuelve el día que me dice que me la va a devolver, es muy honesto", agrega una de las mujeres.

La salud de Ramón

Este fin de semana las bajas temperaturas plantearon un escenario particular. Ramón fue invitado por trabajadores sociales del ministerio de Desarrollo Social, ONGs y hasta por el propio titular de la cartera, Guillermo Elizalde, a pasar las noches en el refugio Ceferino Namuncurá, en Las Heras (ubicado a pocas cuadras del predio donde vive), sobre todo porque presentaba un cuadro febril, que podía complicar su estado de salud si permanecía a la intemperie.

Pero la posición de Ramón fue y es contundente. Él no quiere dejar sus cosas y mucho menos sus cinco perros y la gata llamada Tigresa.

Esto llevó a Elizalde a recurrir a la Justicia para que autorizara a la fuerza pública a llevar al hombre a un centro asistencial para recibir ayuda médica porque su vida corría peligro.

Finalmente, eso no fue necesario, porque se gestionó por medio del ministerio de Salud que un médico fuera a revisarlo. "Le hizo un chequeo general. Comprobó que ya no tenía temperatura porque había estado tomando remedios y no identificó ninguna enfermedad importante", explicó Elizalde.

El funcionario provincial insistió en que no abandonarán la tarea de convencer a Ramón para que vaya a Namuncurá. "Allí él puede entrar y salir. Incluso se habló con la gente del lugar para que pudiera dejar sus perros en la playa del refugio por la noche", aclaró Elizalde.

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