Rafaela y su gente

Rafaela y su gente

Es una de las dos choferes que tiene el transporte público de pasajeros. Cada unidad nueva que llega, se la dan a ella. Es reconocida por su buena atención y manejo. Una mujer que supo ganar un espacio tradicionalmente masculino.

Su eficiencia la distingue entre sus compañeros. Pero para ella, la clave del éxito es no mirar el reloj. No permite que el ritmo de las agujas influyan en su andar y, casi como una premisa de vida, corre a paso firme sin olvidar que lo más importante no es llegar a horario, sino llegar bien.

Gabriela Druetta tiene 46 años y es chofer de colectivo. Ejerce una profesión tradicionalmente desempeñada por hombres y en un ámbito donde la mujer es objeto de muchos prejuicios. Contra todo eso, ella supo ganarse un lugar. A tal punto que hoy cada unidad nueva que se incorpora, queda en sus manos. 

"Hola Gabi", le dice la gente al subir. Ella conoce de vista a algunos y desconoce el nombre de casi todos. Sin embargo, trata de mantener una buena sonrisa. Es paciente y en todo momento evita transmitir a sus pasajeros la furia que sudan las calles de la ciudad. 

Tiene una mirada negativa sobre la manera en que manejan los rafaelinos. Pese a la lejanía que existe con el caos de las grandes ciudades, no duda en señalar que aquí también se trata de una verdadera "selva" y que el más rápido es el que impone su propia ley.  

Es por esto que no piensa seguir manejando un colectivo toda su vida. Pero mientras tanto, es consciente que de su accionar depende la visión que la gente tiene de este servicio público. Una concepción del trabajo que muchos empleados, sobre todo del Estado, deberían aprender. 

"SI NO HAY CORAJE, NO HAY GUERRA"

Se presentó a la convocatoria de personal hace seis años atrás, tras una larga experiencia arriba de un remís. Cuando la tomaron, le encargaron la tarea de conducir el colectivo destinado al servicio de Discapacidad. Allí comenzó a circular por los distintos barrios acercando a las personas que tienen dificultades de movilidad. Con el tiempo, quizás cuando el Municipio logró también superar sus propios prejuicios, le ofrecieron subirse al servicio tradicional. "Si no hay coraje, no hay guerra", respondió. Y puso primera.

Druetta fue la primera persona que condujo el recorrido de la línea Nº 4, creada especialmente tras la inauguración de la Nueva Terminal. Se trataba de un recorrido corto, que unía al centro con el predio de la ruta 34 y que, con el paso del tiempo, se fue ampliando a más barrios. Luego se bajaría de la Línea Nº 4 y tendría que memorarizarse el recorrido de todas las líneas. Actualmente, circula por la Línea Nº 1 y maneja el colectivo más nuevo que tiene el servicio, el "grandote", con rampa automática para discapacitados y aire acondicionado. De todas maneras, su inicio como chofer quedó ligado a la renovada Estación de Omnibus. Un lugar que siempre le ocasionará un recuerdo especial.

"YA NO SE RESPETA NADA"

Si para el ojo del ciudadano común la situación del tránsito en la ciudad es mala, no es difícil intuir cuál será la opinión de alguien que vive en las calles. "Te miran que estás haciendo piruetas para tratar de estacionar y ellos se quedan igualmente donde están -describe incrédula- Ya no se respeta nada. Es la ley de la selva. Pasa el que va más fuerte".

El horario del día más complicado es a la entrada y salida de las escuelas. "Se bajan donde quieren, saludan, bajan las mochilas... Son cosas que te atrasan y después la gente se queja", expresó resignada. 

Su diagnóstico general es bastante acertado: "la ciudad creció en automóviles y las avenidas siguen siendo angostas, los estacionamientos en ambas manos siguen estando permitidos, hay giros a la izquierda... A veces es como que a la ciudad le cuesta adaptarse".  

También tiene una visión crítica sobre los controles municipales. Si bien los avala, considera que deberían ser más efectivos. "Los guardas deberían estar más dispersos en todos los barrios de la ciudad y no tienen que enfocarse sólo en el tema del casco o el cinturón. Ellos también deberían tratar de que, si hay lugares donde no se puede estacionar, no se haga", apuntó.

¿Le gritan en la calle por ser mujer? Sí. A veces. "Pero ya les hemos demostrado que eso que no sabemos manejar, es puro mito", completó. 

TODO A SU TIEMPO

Aunque no parezca, su trabajo es bastante rutinario. Frenar, cobrar, saludar, arrancar y vuelve a frenar. Pero todo debe hacerse en un determinado tiempo si se quiere cumplir con el horario establecido para el recorrido. Cada minuto de demora, amplía el tiempo de espera en la otra parada. Una ajustada cadena temporal pensada para no olvidar que, cada vez que se pueda, hay que acelerar.

Sin embargo, esa tirana cadena de tiempo no aprieta a todos por igual. "A mí el horario me va y me viene -dijo Druetta- La prioridad no es el horario sino el pasajero. Lo importante es terminar el recorrido con el pasaje y la unidad en buenas condiciones".

Además, el horario no se agota con buenos gestos hacia la gente. "Yo les tengo mucha paciencia. Prefiero ceder antes de discutir. A veces hay que mirar hacia otro lado y es mejor tragarse algunas cosas. No podés salir a la calle si te vivís peleando con la gente. La cara visible del transporte público es el chofer", sostuvo.

Más allá de esto, Druetta reconoce que los usuarios también tienen mucho por hacer para que el servicio mejore. "La gente tiene que sacar la tarjeta electrónica. Y si pagan con dinero, deben llevar el cambio justo. Los choferes queremos que nos saquen la obligación de tener que cobrar el boleto", manifestó.

Muchos de sus pasajeros son gente mayor. Ella lo sabe. Pero también hay muchos estudiantes y gente que utiliza los colectivos para ir a trabajar. Por eso cree que las tarjetas electrónicas deberían ser más. Lo dice como usuaria de minibuses que es. Paradójicamente, se pasa sus días manejando pero no tiene auto. 

Al finalizar la entrevista, se pone su abrigo, saluda con una sonrisa y se marcha tranquila hacia la parada. 

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