Fue 3-0 ante el sabalero, con un golazo de Viola de chilena para abrir el marcador; Hauche y Vietto, los goles restantes
¿Racing dio lo esperado? En buena medida, sí. Cumplió con el costado emotivo, con el del despliegue, con el de las barridas, más en un campo resbaladizo. Lentamente, encontró la claridad. De Paul estuvo intermitente en los primeros momentos, pero creció hasta volverse decisivo. Viola hacía lo que podía, hasta que se lució. Se las arregló muy bien en una corrida por la izquierda: enganchó y el zurdazo pegó en el palo. El resto aportó lo conocido. Zuculini anduvo de acá para allá. Campi no dejó centímetro por recorrer. Hauche repitió la versión que mostró en los partidos de verano. Villar se mostró ducho en lo suyo: mucho trajín.
¿Colón se insinuó como algo más que un equipo desesperado? No. Los santafecinos jugaron la primera final. Así tomaron el partido con Racing. Corrieron, metieron y trabaron. A veces, en exceso, una cuestión que tendrán que corregir, ya que en apenas nueve minutos tenían dos amonestados: Bíttolo y Mansilla. Cuando pudieron, jugaron y se acordaron de Saja. Como en aquel cabezazo de Landa que, tras un córner, salió desviado por poco. No alcanzó, fue demasiado poco. La moral cayó enseguida frente al primer imprevisto.
El nudo marinero empezó a desatarse con una aventura de Villar por la derecha. Viola resolvió el centro desde esa banda con una media chilena espectacular. Golazo. Fue el primero desde su regreso. Justo en el 28° aniversario de la inolvidable chilena de Enzo Francescoli, en aquel 5-4 de River a Polonia en un amistoso en Mar del Plata. Racing empezó a sentirse ganador por su propio mérito, pero también porque se desmoronaban los principales argumentos de Colón, la marca y la concentración. Los nervios dominaron a los visitantes en todas las líneas, incluso a Montoya. El arquero falló en un salida y le entregó la pelota a Hauche, quien, en velocidad, se metió en el área y definió de zurda. El 0-2 fue una montaña demasiado alta para Colón, que no supo qué más hacer.
Racing, de ahí en más, supo que la victoria ya no correría riesgo. Tal vez por eso reguló el desarrollo: le cedió la pelota a Colón y esperó en cuclillas algún contraataque. No se sobresaltó porque los santafecinos no se alejaron de la impotencia. Apenas complicaron con un cabezazo de Landa y con un intento de Curuchet bien resuelto por Saja. El negocio de Mostaza Merlo y Cía. ya estaba cerrado cuando Hauche se escapó y le cedió el gol a Vietto, que empujó la pelota al delirio. Como en el mismo final de 2013, Racing cotiza muy bien y sigue en alza.
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