La frase tantas veces escuchada pertenece hoy a Liliana Daviña, directora artística de la Murga de la Estación, grupo te teatro comunitario que este domingo celebra sus 15 años. Reflexionando acerca del trabajo realizado desde 1999 con una propuesta inédita que convocó libremente a vecinos de Posadas que se animaron a contar sus historias, valoró la posibilidad de sostener un proyecto que hoy es una marca registrada en la escena cultural local.
Al hablar de esos años recordó que cuando se construyó la costanera y no hubo lugar la Murga a pesar de las promesas que hoy siguen sin cumplirse. “La promesa sigue incumplida y era devolvernos el espacio por el mérito de haber reflotado ese lugar junto con Kossa Nostra, el proyecto de Teatro Comunitario y los ferro – talleres, aún antes de que estuviera en marcha la Costanera. Habíamos pensado que era una forma de devolverles a la comunidad un espacio que la gente se supo ganar. Era un lugar abandonado, creíamos que esa promesa se iba a cumplir pero no, no se cumplió. Entonces claro que esa magnitud ha cambiado, lo que no cambió fue la cantidad de personas que componemos los eventos”.
En el haber del grupo hay 6 obras propias hechas en estos 15 años, 15 festejos por San Juan, más un montón de otras obras que llegaron a las comunidades. “El proyecto está compuesto por varias obras continuas desde y para la sociedad, un teatro con fin social, con una estética comunitaria fuertemente vinculada a la memoria como una política cultural. Cuando digo a la memoria no siempre quiere decir ir hacia atrás, sino también hablar de lo reciente, de lo que nos está aconteciendo. Por ejemplo cómo hemos urbanizado las nuevas aguas en Posadas, la manera en que se produce el desagüe pluvial de una ciudad mucho más asfaltada, con más habitantes, calles y edificios no es la misma que antes. Todo eso hace que tengamos aguas urbanas distintas y eso lo plasmamos en la obra Sobre llovido, pescados”.
Recortes de la realidad
Cuando se consulta sobre la cocina de las obras y las representaciones Daviña revela que el proceso es parte de un gran aprendizaje que hay que reactualizar cada vez.
“Cada nueva propuesta es un desafío sobre la manera colectiva de producir dramaturgia propia. No hay una receta pero si algunos principios o ejes que siempre tenemos presente. En primer lugar que de lo que vayamos a contar nosotros seamos de alguna manera partícipes, que sepamos algo. No tenemos que rendir cuentas de una verdad histórica pero si de una experiencia o un sucedido, de alguien que te contó. A partir de esto ver que involucramiento colectivo lleva esa historia. Es decir aún cuando, vemos un personaje de la calle, no son meramente individuos. Desde nuestra mirada cuando empezamos a poner atención para retomar sus historias vemos que se enlazan con algo, con un lugar, un grupo o una interacción particular. Ahí hay un principio teatral clave que es que ningún personaje teatral está aislado de un lugar y de un tiempo sino que siempre tiene involucramiento colectivos. Así vamos tratando de cuidar y producir ensambles de historias aunque sean diferentes ver que hilo conductor se puede seguir. O una misma historia que va cambiando los sujetos como en la obra del Parque Japonés que recuperamos la historia local donde había una unidad de lugar pero el tiempo cambiaba. Una cosa fue en los 30 y otra en los 50. Entonces en ese mismo lugar pasaron grupos y personajes de la historia que nosotros recreamos. Nosotros tratamos de prestarle atención y recuperar, personajes o actividades que son significativas para la movida colectiva de una comunidad. Eso nos da la fuerza para seguir contando historias”.
San Juan dice que si…
Respecto a la gran quermese que se reedita cada 24 junio fiesta de San Juan, surge un compromiso asumido. “San Juan nos quedó como un ritual de iniciación en 1999 y desde ahí hicimos el compromiso con la comunidad de acompañar todos los años. Nos propusimos ser otro de los tantos grupos que nos sumamos a esa tradición para aportarles algo que era muy nuestro y era poder hacer una murga teatral en honor al Santo. Simboliza lo que intentamos hacer todo el tiempo, participar de las mejores tradiciones de nuestra cultura, aprender de ellas y al mismo tiempo aportándole algo que parece nuevo y es simplemente una reelaboración. Además de los juegos hacer teatro. Eso a su vez le permite a mucha gente sentir que una tradición es algo que está vivo, no es algo que se hace por deber ser sino que es algo que decido renovar por gusto. Nosotros somos parte de eso, con el lenguaje del teatro popular a renovar una tradición que está dispersa en un montón de otras actividades culturales que vienen del circo, del arte callejero de los Clowns, del arte de los clubes amateurs, de los ciclos de teatro leído, recuperamos todo eso que es hacer algo en conjunto en los tiempos que la gente pueda y quiera. Y decidiendo más libre a veces, nuestro propio contenido. Claramente a San Juan le hemos puesto nuestra propia vuelta de significación, y esta línea yo la elijo porque San Juan significa parte de la llave de lo que es este proyecto. Recuperar desde la memoria y el hacer, lenguajes, historias, maneras de hacer recuperando la convocatoria colectiva, con calidad, por amor al arte y dando un aporte significativo, una apuesta al futuro haciéndonos cargo de qué queremos reforzar de la memoria y que le pasamos al que está llegando”.
“Semillero gracia a Dio”
Hoy más allá de los históricos miembros de la Murga, hay un semillero interesado en aprender a cantar y ejecutar instrumentos. Otros tantos que ya se animan a sus primeros ensayos de dirección y por suerte gente que quiere ponerse la misión al hombro.
“Hay desafíos de gestión, debido a las promesas incumplidas. Nos pesa mucho como grupo autogestivo tener ayudas económicas muy esporádicas. En los últimos años hemos tenido algunos aportes de los subsidios culturales que da la Gobernación. La gestión es muy complicada porque debemos solventar alquileres, al principio tuvimos desde el 2006 que nos fuimos estamos teniendo sin continuidad. En total tuvimos 3 veces subsidios de un año. El resto lo bancamos con producciones propias, ayuda de la comunidad, una línea de socios benefactores, más publicidad que vendemos algunas veces e incluso comida. Recién desde el año pasado el Instituto Nacional de Teatro, nos reconoce y se compromete a subsidiar el 60 por ciento del alquiler de un año. No tener un espacio después de que fuimos desalojados implica esfuerzo triplicado de sostener por nuestros propios recursos. Nuestros trabajos voluntarios y el aporte de los benefactores y público hacen que estos 15 años sean para celebrar. Nos falta un debate de las políticas públicas para ver si interesa o no proyectos autogestivos de la comunidad. Es muy lindo declarar que somos de interés y lo valoramos…. pero eso no nos permite pagar el alquiler”.
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