Quilmes sigue con vida: le ganó a Argentinos y sueña con mantener la categoría

Quilmes sigue con vida: le ganó a Argentinos y sueña con mantener la categoría
En el Sur, Gonzalo Ríos anotó el 1-0 a los dos minutos del partido; alcanzó a Atlético Rafaela en la tabla de promedios, aunque sigue en zona de descenso
Quilmes se sostiene de pie en el torneo Final. Tenía que imponerse ante un equipo que ya lo había perdido todo, como Argentinos, y lo hizo. El conjunto dirigido por Ricardo Caruso Lombardi viene de atrás, pero toma velocidad en el tramo final de una definición que, según parece, mantendrá en vilo a más de uno. A medida que crece su promedio empiezan a preocuparse los demás, sobre todo Atlético de Rafaela, que quedará en la zona roja si hoy no vence a San Lorenzo. Quilmes hizo lo que debía: ganó y, por un rato, les pasó la presión a los demás. Y, por cómo estaba, no es poco.

Dentro de todo, el vencedor manejó los nervios. Argentinos, que la semana pasada descendió a la B Nacional, también jugó fuerte y trató de mostrarse entero. El partido que todos imaginaron cambió en un suspiro. Ni se habían estudiado cuando Quilmes tomó una distancia fundamental. El nudo se soltó antes de lo pensado, a los dos minutos, cuando se escapó Vuanello por la izquierda. El centro encontró la desesperación de Barisone, que no vio la atropellada de Ríos, que aprovechó el rechazo del defensor. A Caruso Lombardi no se le movió un pelo, pero cuánto alivio supuso la temprana conquista. Como mínimo, calmó el nerviosismo y rompió varios esquemas.

Argentinos, que viene de porrazo en porrazo, hizo lo que pudo, más cuando se encontró con la pelota y con el terreno, porque Quilmes se retrasó tempranamente. Borghi no desacomodó las piezas pese a que ya no tiene nada que hacer en primera. El Bicho reaccionó bastante después. Asimiló la desventaja con el transcurso de los minutos y ofreció pelea en el medio campo. De jugadas de peligro, poco y nada, de no ser por alguna aproximación de Pisculichi demasiado aislada.

Si algo sobró fue trajín. Nadie se guardó nada. Corrieron todos. A veces, los único que se vio fue despliegue. Ninguno pensó ni hizo una pausa. Cualquier sensación de lucidez, enseguida, quedó cortada por alguna infracción. Quilmes siempre pareció algo más profundo, sobre todo cuando acertó con los pases entre líneas o cuando avanzó con velocidad por los costados.

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