Se terminó el torneo y como siempre es preciso hacer un repaso de lo que fue un semestre para el olvido en todos los aspectos. Un proyecto que se intentó abordar pero que murió antes de que empezara a caminar.
En el fútbol mandan los resultados. Hasta los entrenadores más ganadores han tenido que dejar sus cargos cuando en la cancha la historia fue negativa. Y en este fútbol en el que la televisión manda y el dinero que aporta mantiene a los clubes, no existe proyecto que resista un descenso. Mantenerse en Primera es vital para cualquier idea, y cuando los resultados hacen tambalear esa posibilidad, todo se cae. Quilmes no fue la excepción.
Algo de convicción y mucho de necesidad obligaron a la dirigencia a apostar por un proyecto nuevo, aprovechando un torneo corto sin descensos y uno largo en el que será muy difícil descender. Ideal para achicar gastos, equilibrarse financieramente pero afrontando el campeonato dignamente, con un mínimo de puntos para no hacer tambalear el promedio en el futuro. El proyecto económico iba de la mano de pocos refuerzos, un plantel barato, cuerpo técnico de la casa pero siempre sumando lo mínimo como para seguir en Primera. La dirigencia apostó a Pablo Quattrocchi como entrenador, pocos nombres, la confianza para los chicos que habían logrado la permanencia en el semestre pasado, la reducción de algunos contratos altos y la esperanza de sumar, de mínima, 19 puntos. Luego de la pretemporada y un buen trabajo del cuerpo técnico, se esperaba por un semestre duro, pero que colmara las expectativas. No fue así.
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