En un partidazo, el "Tricolor" superó a Boca Juniors, uno de los candidatos, por 70 a 68, en tiempo suplementario. Estalló Once Unidos: 4° triunfo al hilo y liderazgo de la LNB.
Un partidazo en Once Unidos. De dientes apretados, defensas cerradas, marcador cambiante y fricción. Con los nervios de punta. Los marplatenses enfrentaron a uno de los candidatos de la Liga, también clasificado a las semifinales de la Liga Sudamericana. Y terminaron festejando una victoria impresionante, emotiva y con ribetes épicos: el equipo de Ramella, ya disminuido por las ausencias de Vildoza y Romero (lesionados), terminó el encuentro también sin sus internos Mario Ghersetti y Tayavek Gallizzi, ni Federico Marín, por cinco faltas. Así y todo defendió con uñas y dientes, anotó lo que tenía que anotar, y se salvó en el final del tiempo reglamentario cuando el norteamericano Robert Battle sólo convirtió uno de los dos lanzamientos desde la línea.
El primer cuarto tuvo a Quilmes atento y concentrado en defensa, comandado por la lucidez de Fabián Sahdi, la figura del segmento. Los marplatenses lograron contraataques rápidos para comenzar con un parcial de 11-0 (11-3), con un goleo repartido y aprovechando las continuas pérdidas de Boca en ataque (8 en todo el cuarto). Al ritmo de su base (5 puntos, 4 asistencias y 3 rebotes), el “Tricolor” se llevó el parcial por 17 a 11, ante un equipo de Duro que sólo contó con Cequeira como abanderado, pero poco acompañado por Safar y Battle.
El inicio del segundo cuarto tuvo a Quilmes aflojando su defensa. Boca resurgió de la mano de D´Elia y Prato, para pasar al frente 17-18, con un parcial de 7-0. El elenco de Ramella atacó en ese inicio con desorden, apurando lanzamientos y continuando con flojos porcentajes desde el perímetro. Recién a los 4 minutos del segmento, un triple de Piñero despertó al equipo local, que inició un parcial de 9-2 para contrarrestar lo hecho por la visita (26-19). El equipo de Duro no se rindió. Con buenos porcentajes en los lanzamientos de tres, logró dar vuelta las acciones: anotaron Faggiano, Safar, y De Groat (5 puntos). Así, con otro parcialito de 8-0, el “Xeneize” cerró el primer tiempo al frente 33 a 29. Quilmes, que tuvo un 25 % en triples (3/12), debió salir a remarla nuevamente.
Boca entró mejor tras el descanso largo, y estiró a 9 puntos la ventaja máxima a su favor (29-38). Pero Quilmes, con el corazón de Federico Marín, detenido con faltas, logró batallar. Y en la línea el local estuvo certero (12 de 13). Aprovechando un quedo en ofensiva de la visita, el “Tricolor” logró un parcial de 13-4 a su favor, para empatar el juego en 42 puntos, a 2´40 del final del segmento. A la mitad del mismo, Mario Ghersetti llegó a la cuarta falta, anunciando la complicación que tendría el equipo en la zona interior. El final del tercer cuarto, fue con Quilmes a toca orquesta. Anímicamente más fuerte que su rival, que se mostró irregular en su rendimiento, el equipo de Ramella cerró al frente 52 a 45, aprovechando primero un técnico de Faggiano (Baxley metió los dos lanzamientos), y festejando un triplazo de Maciel sobre la chicharra.
El último cuarto fue infernal. Porque Quilmes estuvo seco en ataque, errático y confundido. Los marplatenses sólo pudieron anotar tres puntos en los primeros siete minutos. Encima, en la mitad del segmento perdió a Gallizzi también por cinco faltas. Boca logró equiparar el marcador, jugando lógicamente para Battle, (55-54). Pero el norteamericano no supo sacar rédito ante la falta de personal del local. Luego, lo dio vuelta con la correcta conducción de Cequeira. Con la visita arriba (55-60), Quilmes se arrimó, favorecido por un dudoso técnico cobrado a Safar, ante Marín. Dos simples convertidos por el escolta y reposición. Hasta que Baxley, que había fallado dos triples seguidos y venía con malos porcentajes, tomó la pelota con 25 segundos por jugarse y el juego abajo por dos (58-60): picó la pelota, y cuando todos esperaban la penetración segura, sacó el tiro y encestó un triplazo (61-60). Restando 5 segundos, Boca atacó, Battle recibió la falta de Ghersetti y tuvo el triunfo “Xeneize” en sus manos: pero acorde a su porcentaje de la noche (55 % desde la línea), anotó sólo 1 de los 2 tiros, y el encuentro fue a suplementario igualado en 61, con todo Once Unidos que había pasado del delirio por Baxley al sufrimiento por esos lanzamientos.
Y allí Quilmes sacó a relucir más de su carisma, garra, entusiasmo. A los 50 segundos del suplementario perdió por cinco faltas a Marín, su gladiador. Parecía todo muy difícil. Pero acompañado por su gente, peleó hasta el final. Con un gran triple de Maciel y dos simples de Sahdi pasó al frente (66- 64) tras comenzar abajo por tres puntos. Facundo Piñero se encargó de frenar a Battle, pero en ataque falló dos tiros cómodos de contragolpe. El juego era intenso, de ida y vuelta, ya con un desorden generalizado. Boca también fallaba en ataque, con pésimas elecciones. A dos minutos, Lucas Ortiz decidió penetrar y puso el juego arriba 68 a 65. Después de varios yerros en ataque en ambos lados (De Groat, a 45 segundos, lanzó rápido desde lejos pensando que finalizaba el juego...), Quilmes estiró a cinco puntos con una gran jugada que culminó en asistencia de Piñero para el rompimiento de Maciel por el centro (70-65). Luego, Battle convirtió un doble y recibió falta, que supo encestar para ponerle más suspenso a la noche (70-68). Restaban 12.3 segundos, y Ortiz debió ir a la línea: era para asegurar la victoria, pero falló los dos lanzamientos. Boca tuvo el último ataque para empatar o ganar, Battle ingresó a la pintura y el propio Ortiz se redimió y sorprendió al extranjero al quitarle la pelota de atrás, para decretar el triunfo de un Quilmes inmenso en alma y corazón.
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