“La gente tiene que andar a los saltos cuando llueve”, graficó el presidente de la sociedad de fomento, Horacio Tesolín, en referencia a la ausencia de higiene. También volvió a reclamar ayuda municipal para contar con una sede social.
“El sector está muy desordenado en lo que hace a limpieza. Hay problemas con las cloacas y cuando llueve fuerte el agua se va muy despacio, no hay un desagote normal. La red cloacal cubre desde el centro hasta calle Borges, entonces desde esta última arteria a Primera Junta no hay nada, y la caída del agua corre hacia ese lugar”, le explicó a Democracia el presidente de la sociedad de fomento, Horacio Tesolín.
El dirigente dijo que el servicio de barrido y recolección de residuos está lejos de ser el apropiado para mantener la zona libre de contingencias, sobre todo en las jornadas de lluvia, cuando los restos de suciedad se acumulan en las entradas de las cañerías y no permiten el drenaje de las precipitaciones.
“No hay una limpieza constante de veredas y calles y después, y lo propio ocurre con las cloacas. La gente tiene que andar a los saltos cuando llueve”, señaló Tesolín.
En otro punto referido al cuidado estético, indicó que “las plantas están rompiendo las veredas, se levantan las baldosas y no se arreglan”.
El titular de la comisión fomentista destacó que en materia de seguridad “se están haciendo las cosas mejor” y que de hecho “hay muchos menos robos”, al tiempo que expresó que obras públicas “no hay” y no tienen entendido que vaya a llegar alguna en el corto o mediano plazo.
Un lugar para la sede
Otra cuestión que desvela a los directivos de El Picaflor es el hecho de continuar sin sede propia. Desde hace unos meses, las reuniones de la comisión y algunas actividades que no requieren mucho despliegue de gente se realizan en un espacio cedido por el Club Los Indios, pero no es un ámbito que satisfaga las ambiciones de crecimiento que expresan Tesolín y su gente.
“La parte de arriba de la institución nos fue cedida, donde hay una piecita en la que tenemos la secretaría y la parte de adelante, una antesala, que es donde tenemos la biblioteca y un escritorio. El problema es que arriba hace frío y no tenemos instalación de gas, por lo cual tenemos que comprar garrafas nosotros para aclimatar a los socios. Son diez mujeres que van a hacer arte decorativo y las queremos tratar bien”, explicó el presidente.
Al respecto remarcó que les gustaría “tener un lugar propio” para darle “otra amplitud” a las acciones que llevan adelante. “La municipalidad no tiene ninguna obligación, pero nos podría facilitar el acceso a alguna casa cediéndonosla en comodato o compartiendo con nosotros algún local de su propiedad, si nosotros no precisamos tanto. Tenemos una hermosa biblioteca, dictamos clases de arte decorativo, costura, pero queremos extendernos un poco más en la oferta, dar clases de yoga, en fin… obsequiarle un poco más a los socios, y no podemos”, apuntó Tesolín.
El fomentista reveló que para canalizar esa inquietud mantuvieron reuniones con la directora de Relaciones con la Comunidad, Gladys Hilgert, y el concejal Carlos Lombardi, quienes nunca les “terminaron de dar una definición ni por sí ni por no”.
“No nos dijeron nada, siempre ni. Una a veces choca con las puertas de la municipalidad y no se las abren. Yo sé que acá hay sociedades de fomento cuyas sedes fueron otorgadas en comodato de por vida. Yo no quiero que me regalen una casa, quiero que me la presten para limpiarla, acomodarla, pintarla… pero nos desanimamos. Y lo que menos se merecen los socios y el vecino común es que nosotros nos caigamos”, advirtió preocupado Horacio Tesolín.
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