El grupo radical islámico advirtió que "se expondrán a la ira de Alá" los iraquíes que participen en la que es la primera elección nacional sin tropas de EE.UU. en las ciudades.
El texto advertía que "todo aquel que desafíe el toque de queda se expondrá a la ira de Alá y así a todo tipo de armas de los mujaidines". La amenaza es un desafío al premier iraquí, el chiita Nuri al Maliki, que con la protección de las tropas de Estados Unidos (acantonadas en bases militares después de abandonar las ciudades), intenta dar un marco de normalidad a los comicios para elegir los 325 escaños del Parlamento, de donde saldrá una nueva coalición de gobierno.
"El cabecilla de Estado Islámico en Irak, Abu Omar al Bagdadi, había amenazado con una respuesta militar a las elecciones", señaló SITE. El toque de queda declarado estará vigente desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde del domingo 7 de marzo: día de unas elecciones que para Al Qaeda "sólo traerán perjuicios para (la minoría) sunnita y dará a los chiitas y sus amos un mandato para ejercer el poder".
Mañana están llamados a las urnas unos 28,9 millones de iraquíes, que repartirán sus votos entre 6.172 candidatos de 86 partidos que forman una docena de agrupaciones electorales. La alianza encabezada por el premier Nuri al Maliki, bautizada Estado de Derecho, es una de las favoritas, pero los analistas creen que el desgaste del poder y la pérdida de aliados políticos le restarán votos. Como el modelo político iraquí es parlamentario, el caudal de votos es determinante en la conformación de la futura coalición de gobierno.
"Sin duda nadie alcanzará un tercio (108 escaños) del Parlamento y necesitaremos una coalición o alianza de tres listas para formar el próximo Ejecutivo", admitió el actual vicepresidente chiita, Abdel Mahdi. Su compañero sunnita en la vicepresidencia, Tarek al Hashemi, vaticina en cambio una situación mucho menos clara. Aunque está en el gobierno, Al Hashemi, como la mayoría de los políticos de la minoría sunnita, piensa que el premier chiita prepara un fraude electoral con apoyo armado.
"El partido gobernante, que, en contra de la Constitución, monopoliza el control militar y de seguridad, podría aventurarse a usar la fuerza castrense para obstaculizar la alternancia política pacífica", advirtió Al Hashemi.
Su socio en la alianza opositora Iraqiya (Iraquí), el sunnita Saleh al Mutlaq, denunció además la "lamentable influencia" de los líderes chiitas de Irán en la vida política de Irak. Ésa fue la constante. Durante toda la campaña, los sunnitas acusan a las instituciones chiitas de ser los responsables de la purga de miembros del antiguo partido gobernante Baaz, del dictador Saddam Hussein, y de presentar una lista de candidatos "marionetas" de Teherán.
"Hicimos lo correcto al derrocar a Saddam", dijo Gordon Brown
Tal y como ocurrió con Tony Blair el pasado enero, no hubo lugar para el arrepentimiento en la declaración del premier Gordon Brown ante la llamada Comisión Chilcot, que investiga la participación del Reino Unido en la invasión a Irak en 2003.
Para Brown, que en ese entonces era ministro de Finanzas, la guerra fue "correcta" y se efectuó por "razones adecuadas".
Su testimonio podría resultar clave en la campaña por las legislativas de junio, ya que la mayoría de losbritánicos se opuso a la guerra contra Bagdad.
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