El seleccionado argentino de rugby cerró su participación en el Rugby Championship con una ajustada derrota ante Los Wallabies por 25-19.
Una de la máximas más añejas dice que la historia la escriben los que ganan. Por eso Los Pumas se mostraron ayer con lápiz y papel en mano. Porque tienen tarea para hacer. Aunque el resultado diga otra cosa, igual alcanzaron el éxito. Ganaron. Parece contradictorio, pero no lo es. Pese a la derrota de anoche ante Australia por 25 a 19, el seleccionado nacional dejó el Gigante de Arroyito con la certeza de que ya se había superado. No tuvo la mejor despedida del Rugby Championship, ni cristalizó una latente posibilidad de conseguir su primer triunfo en el torneo, pero claramente la balanza ya estaba inclinada para el lado de los puntos positivos. Sólo faltó el cierre de telón soñado en el partido más importante de la historia del rugby de Rosario.
Hay que medir las consecuencias de la participación del elenco nacional en este torneo. Pero antes hay que realizar un minucioso repaso de su actuación. Disputó seis partidos. Empató uno y perdió cinco. Y salvo la caída ante Nueva Zelanda en La Plata, los matches fueron parejos.
En todos jugó de igual a igual con sus rivales. Ese era su desafío, y en cierta medida lo alcanzó.
Está claro que Los Pumas evolucionaron. Quizás más de lo esperado. Brindaron las batallas épicas de siempre, pero esta vez fueron por el contrincante. Sabían que con sólo esperarlos no alcanzaba. Sorprendieron a muchos. Más a los foráneos. Incluso generaron ilusiones y expectativas inéditas. En el Top 1 de ese ranking está la de ganarle a los All Blacks, apostando a cambiar golpe por golpe. Quedó claro que ese no es el camino.
La evolución de Los Pumas es por demás de evidente. Cuestionarlo sería una necedad injustificada. Pero todavía queda un importante camino por recorrer. Aún existe un tramo que los separa de los máximos campeones del mundo (cada uno se quedó con dos copas, e Inglaterra ganó la restante).
Es totalmente comprensible que así sea. Porque el elenco argentino es un diamante en bruto que hace años se viene puliendo con esfuerzo. Y hoy está entre las joyas más preciadas, pero un escalón más abajo. Aunque el hecho de tenerlas tan cerca, como nunca antes, seguramente le servirá para imitarlas y concluir la parte más fina de un arduo trabajo que se viene realizando a lo largo de varias generaciones.
Los albicelestes ya no son sapo de otro pozo en la elite del mundo ovalado. Ya no desentonan. En absoluto. Lo demostraron en la cancha. Y todos sus rivales lo reconocieron sin rodeos, con las pruebas a la vista. Se expresaron sobre sus virtudes, enumeraron sus mejores valores y rescataron ese coraje inconfundible que los convierte en únicos.
El crecimiento del seleccionado argentino llegó a una elogiable expresión. Está en un punto muy alto, aunque su mérito más importante hasta este momento fue conseguir la medalla de bronce en el Mundial de Francia.
Es el momento de seguir por el mismo camino. La empresa es afianzarse. Y para eso todavía tiene varios escalones por subir. Porque no llegaron a lo más alto de la escalera de la madurez.
Está claro que la madurez es uno de los lenguajes que todavía no manejan a la perfección en el idioma del rugby. Y lo sufren en algunos partidos.
En varios pasajes. Uno de los más notorios es a la hora de cambiar por puntos las claras chances de marcar. Ayer fue un claro ejemplo. Y otra, a la hora de manejar los tiempos y los cierres.
Una vez que la madurez tome forma y se complemente con un nivel de excelencia sostenido, Los Pumas estarán en condiciones de cumplir con todas las expectativas que ya despertaron.
Pero lo importante es que Los Pumas ya ganaron. Escribieron una página relevante de su historia en este primer RCH. Porque dejaron en claro que cumplieron con el objetivo de estar a la altura. Hasta se ilusionaron con ir por un poco más. Están por el camino correcto. No alcanzar el cierre soñado del torneo, es sólo un hecho anecdótico.
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