Para Fernando Rey Saravia, responsable del organismo municipal de control ambiental, aunque se trató de un incidente más, la población tuvo motivos para asustarse. "No soy el responsable del evento ni de la solución definitiva para la gente", dijo.
La pregunta del responsable del Comité Técnico Ejecutivo (CTE), el ingeniero químico Fernando Rey Saravia, se repite cada vez con más frecuencia y no sólo en la zona portuaria y sus adyacencias.
--¿Cuál es su respuesta?
--Hace 30 años que trabajo en ese sector, paso muchas horas por día y no tengo miedo, pero soy consciente de que no estoy en un parque ecológico.
* * *
El estampido, que conmovió vidrios y puertas, despertó ayer a los whitenses a las 6.30. Esa repercusión fue seguida por un vibrante silbido. La onda expansiva abarcó diversos sectores de Bahía Blanca y, como siempre, para saber de qué se trataba, los vecinos acudieron al 911, al mismo CTE y a las radios.
Atenuada la consecuencia, aunque no la angustia, la causa se confirmó desde el CTE, cuando Rey Saravia indicó que el incidente surgió por la parada de la barcaza flotante donde Dow Argentina produce polietileno.
La drástica liberación de gas hacia la antorcha causó el ruido, pero Rey Saravia explicó que ya ocurría antes y que, ante las demandas de la comunidad, la empresa, a fines de 2010, ejecutó mejoras en esa unidad. Sin embargo, advirtió que ante este fracaso, a Dow se le volverán a exigir cambios.
--¿Fue un incidente más?
--Fue uno de los tantos que vivimos y de los que vamos a vivir, porque este es un polo industrial, quizás el más controlado del país; aun así es esperable que haya impactos sobre el ambiente. De todos modos, es evidente que hay gente que siente mucho miedo. Como parte de mi tarea es llevar calma, me planteo si soy yo el que se equivoca en el mensaje, o las empresas no comunican bien sus hechos, o si son los medios informativos los que no llevan tranquilidad y amplifican el miedo. O tal vez sea parte de nuestra idiosincrasia.
--Y usted ¿qué puede hacer?
--Sólo puedo dar la dimensión de un técnico, es decir, controlar, gestionar sanciones o pedir clausuras. No soy el responsable de los eventos ni de la solución definitiva del problema de la gente. Si alguien cree que no está seguro en White, estimo que lo mejor sería que se vaya. Y, si no tiene los recursos económicos, tal vez el Estado lo debería ayudar. Pero, insisto, a veces veo indignación y me siento como el cartero al que quieren matar por llevar el mensaje.
--¿La sensibilidad puede explicarse en la sucesión de incidentes de este año?
--Debo ser honesto y asegurar que el problema de ayer no representó un riesgo grave para la población, pero también debo admitir que el ruido provocó miedo y que eso también afecta a la sensibilidad.
Ruidos y humo. Los ruidos de la planta de Etileno II de Dow alteraron las noches whitenses a fines del mes pasado, por la rotura de una válvula en un conducto donde circula vapor de agua con alta presión. El CTE también labró nuevas actas de infracciones por la emisión de humos. Los casos pasaron al área legal del Organismo Provincial de Desarrollo Sostenible (OPDS).
"En este complejo de White hay 20 plantas de un porte equivalente al de las más grandes del mundo. Muchos problemas son evitables y, cuando comprobamos infracciones, tratamos de que se sancionen y que las falencias se corrijan", señaló Rey Saravia.
"Sin riesgo alguno"
La gerente de Asuntos Públicos del Complejo Bahía Blanca Dow Argentina, Marcela Guerra, afirmó ayer que la parada estaba prevista por 48 horas y que se realizó de manera controlada, siguiendo los procedimientos operativos habituales que requieren el venteo de los gases de proceso por el sistema de antorchas "a fin de lograr una combustión segura y completa".
"Por motivos que se están analizando, al inicio de la combustión, la salida de gases de alta presión por la antorcha generó un ruido mayor al habitual, lo que provocó ciertos niveles de preocupación en los vecinos, por lo que deseamos expresar claramente que la situación fue puntual y no implicó riesgo alguno para la población", sostuvo Guerra, quien agregó que se evalúan medidas correctivas para evitar impactos similares.
En primera persona
* "A las 6.30 se me movió la cama, como pasó cuando explotaron los elevadores de granos. Los perros se enloquecieron del susto. Este superó a todos los ruidos anteriores. Fui a Villa Rosas y allá también lo escucharon". (Marta Muñoz, de Villa Delfina).
* "Fue una explosión muy fuerte. Me asusté porque me movió la persiana y vibraron los vidrios de las ventanas y de las puertas. A las 7.30 llegué al centro de jubilados y estaba todo el mundo comentándolo, incluso en las calles. Los ruidos de la termoeléctrica eran infernales, te enloquecían". (Libertad Espíndola, de Brihuega al 3300, Ingeniero White).
* "Sentí como si se hubiera caído un portón de chapa. No pido multas, sólo seguridad. Quiero vivir tranquilo. Ni siquiera que me paguen la casa pero, como dijo Napoleón, no hay hombre que no tenga precio. Por eso algunos se callan la boca". (René Soto, del barrio 26 de Septiembre).
* "Escuchamos ruidos todos los días. Es una cosa de locos. Los denunciamos, vienen a ver, anotan, cobran una multa y todo sigue igual. A esta altura de mi vida, ya no le doy bolilla. Cuando me jubilé compré esta casa de material. ¡Me hubiera comprado un ranchito un poco más lejos..!". (Aldo Pollio, del 26 de Septiembre).
Enfoque
Un pueblo que perdió la sonrisa
Adrián Luciani aluciani@lanueva.com
Sin la opulencia fabril de los últimos años, sin los ventajosos 45 pies de calado y sin el asfalto que hoy muestran buena parte de sus calles, puede decirse que aquel White de los años '60 y '70 era sensiblemente más feliz.
Muelles atestados de estibadores, cantinas repletas de caras sonrientes y trenes colmados de estibadores rumbo a un "pique" siempre dispuesto a cobijarlos con alguna changa, resultaban moneda corriente.
A los vaivenes de la economía, que terminaron con sus principales fuentes de trabajo, White fue sumando de manera constante eventos de índole medioambiental.
En ese marco, el crecimiento industrial, necesario motor de la ciudad, terminó acorralando a una población que si bien siempre convivió con el peligro (explosión de un tanque de YPF, en 1969, y voladura del silo 5, en 1985, entre otros ejemplos), a partir de los escapes en Solvay y Profertil, en el 2000, parece que ya no puede más.
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