Miles de católicos participaron de la tradicional ceremonia que desde hace mas de 400 años se celebra cada 31 de diciembre en la Catedral. Revive un hecho histórico de 1.593, cuando españoles y aborígenes alcanzaron la paz. La palabra Tinkunaco es quéchua y significa “encuentro”.
Como todos los años, el pueblo católico riojano celebró este lunes al mediodía el tradicional Tinkunaco, la ceremonia religiosa que se realiza todos los 31 de diciembre en forma ininterrumpida desde el siglo XVI, y que representa el encuentro entre los colonizadores españoles y los indios diaguitas que habitaban esta zona.
Pocas fiestas revisten un contenido de belleza, colorido y honda religiosidad como ésta, de la que participan las máximas autoridades políticas y religiosas de la provincia.
Este año nuevamente la festividad estuvo presidida por el obispo local, monseñor Enrique Rodríguez. A su vez, como siempre, asistieron las máximas autoridades provinciales y municipales, incluidos el gobernador Luis Beder Herrera y el intendente capitalino Ricardo Quintela, quienes pese a estar enfrentados políticamente entre sí, se dieron el mutuo ‘saludo de la paz’.
Luego de la ceremonia, el titular de la ‘Casa de las Tejas’ expresó su deseo de que “esta noche los riojanos brinden en familia por un futuro venturoso, para que vivamos en paz y en tolerancia”.
En referencia a la entrega de los atributos a San Nicolás, Beder Herrera expresó que “el bastón y la banda son los atributos del poder y creo que es muy bueno dejarlos en manos de San Nicolás en esta fecha”.
En la oportunidad, Beder Herrera también auguró mejores tiempos para la provincia en este año que inicia. “Estoy seguro que en este 2013 vamos a tener un despegue importante, a partir de mayo vamos a tener un fuerte impacto positivo, por eso le pido a la gente que pasemos juntos estos meses porque después nos irá muy bien a los riojanos y argentinos”.
Asimismo, destacó que en la provincia no se hizo sentir tanto el impacto de la crisis que golpeó al país y el mundo. “Seguimos firmes con las políticas sociales, culminamos obras que son importantes para los riojanos como energía, internet, viviendas y fundamentalmente los salarios, a los cuales también se sumaron los tres aumentos que dimos”.
El mandatario también destacó que los riojanos “están sintiendo que hay un plan de gobierno que estamos ejecutando con un destino promisorio para La Rioja, para hacer una provincia sustentable, en todos los pueblitos del territorio como no se hizo durante muchos años”.
Beder Herrera también destacó el acompañamiento del vicegobernador Sergio Casas y dijo que “es un hombre compenetrado con el proyecto, no tengo que andar diciéndole que debe hacer, está en la misma sintonía al igual que la Cámara de Diputados, los Intendentes y el resto del gabinete provincial”.
La celebración del Tinkunaco
Pocas fiestas revisten un contenido de belleza, colorido y honda religiosidad como esta que se viene celebrando en La Rioja desde el siglo XVI.
Para el viajero, peregrino o turista, no deja de asombrar la cantidad de gente que llega desde todos los puntos cardinales a La Rioja y que se encuentran por las calles o que ingresan a la Catedral-Basílica, pues no solo los riojanos de la ciudad Capital sino también los del interior o de otras provincias, venidos a pie, a caballo o por otros medios, se suman a las Fiestas, que se inspiran en un hecho histórico: la fecha en que se renovaba el alcalde de la época española.
Es el Tinkunaco, el encuentro, entre San Nicolás de Bari, patrono de la ciudad, y el Niño Alcalde, el 31 de diciembre de cada año a las doce en punto, cuando el sol quema las calles pero no aplasta los espíritus.
San Nicolás y sus alféreces, con banda y bandera al estilo español, al llegar frente a la Casa de Gobierno, se encuentran ante el Niño Alcalde, que viene desde San Francisco, por su allis con escapulatorios y vinchas al uso indígena. Allí, San Nicolás hace tres genuflexiones a su Señor, y siguen juntos hasta la catedral, donde el Niño permanece tres días.
Esta procesión del Encuentro se funda en una antiquísima tradición que asegura el sometimiento de los indios sublevados en Las Pardecitas, por obra del violín de San Francisco Solano, y de la asunción del Niño Dios como Alcalde de la Ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja. La historia figura en la Bula de canonización de San Francisco Solano, y en una carta del gobernador de La Rioja, conservada en el Archivo de Indias.
La historia religiosa
El hecho histórico de 1.593 es asumido en nuestra en nuestra capital con dos procesiones que se encuentran (Tinkunaco) frente a la Casa de Gobierno. Una procesión sale de la Catedral y la otra, del templo de San Francisco.
La primera con la imagen de San Nicolás. Concurren a esta procesión los alféreces, es decir los señores feudales, con los distintivos de sus feudos, de su propiedad. Marchan organizados como una cofradía, cuya comisión directiva está integrada por doce apóstoles y discípulos de Cristo. El Alférez Mayor haciendo las veces de San Pedro. Apóstoles y aspirantes van acompañados con su correspondiente estandarte como si fuese el escudo de armas. No hace falta explicar más sus significados, con solo verlos, se entiende que son los españoles.
La segunda procesión parte del templo de San Francisco. Concurren los diaguitas que llevan la imagen del Niño Dios Alcalde. El Jesús anunciado por Francisco Solano y aceptado por los diaguitas; van vestidos con sus vinchas o coronas y sus ponchos o escapularios.
Se llaman los Ailles, una palabra quechua que significa triunfo, victoria. Ellos también están organizados en una cofradía, presidida por el Inca.
El Inca está identificado por el arco y por la caja, el arco, como si fuese un trono. La caja chica como ritual para compañar el canto religioso, porque la caja grande es para la vidala y la chaya.
Con solo ver esta gente pasar, se entiende que son los diaguitas. Ya identificados los dos grupos que salen de lugares distintos, sabemos que se van a encontrar como aquel jueves santo de 1.593.
Pues bien, cuando las dos procesiones se encuentran, todo el mundo incluido San Nicolás se arrodillan ante el Jesús Niño Alcalde. Se igualan, toman una misma actitud para que haya fusión, y los alféreces inclinan sus banderas hasta el suelo, por que ya no cáben diferencias.
Para confirmar estas ideas todo el mundo aplaude contento, todos se confunden en un abrazo como el de Francisco Solano, aquel jueves santo.
Diaguitas y españoles han procreado y les ha nacido un hijo “El pueblo riojano”.
Esta ceremonia se realiza todos los 31 de diciembre a las 12 horas. Cuando los españoles renovaban sus autoridades. Año nuevo, autoridad nueva, por eso también la casa de gobierno; el reclamo era político, no religioso. Los diaguitas exigían el cambio de alcalde, no del sacerdote.



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