Presas del miedo, vecinos seguían anoche con la “custodia” de comercios con palos, cuchillos y armas. Pese al patrullaje policial, muchos no durmieron.
El boca en boca de que llegarían “de nuevo” para llevarse lo poco que les dejaron en mercaderías fue lo que hizo que dueños de negocios y sus vecinos permanecieran apostados con palos de escobas, machetes y cuchillos de cocina a la vista de todos. Muchos contaron que estaban armados, pero que el “fierro” lo tenían entre sus ropas porque “los estaban esperando”.
Anoche era tal el temor generalizado que algunos llegaron a soldar las persianas, y volvieron a las barricadas con la quema de gomas. Uno de los lugares “ocupado” por vecinos que hicieron postas fueron en las esquinas de San Vicente. En la avenida San Jerónimo y en todas las cuadras próximas había personas dispuestas a pasar la noche.
El “me dijeron que vienen” fue lo que los alertó, sin que tuvieran ninguna certeza de que algún local había sido saqueado el jueves. Pero fue tanto lo que les robaron los días anteriores que, pese a que la Policía patrullaba y hasta había efectivos caminando, los vecinos decidieron quedarse. “Me voy a pasar otra noche, tengo un fierro arriba y estamos todos los vecinos comunicados. A las 6 de la tarde, acá en San Vicente, muchos empezaron a cerrar porque nos dijeron que venían a robar otra vez. La Policía está pasando muy poco”, contó Daniel, desde su almacén, a cuadras de la avenida principal.
“Vengan a mi local de ropa, por favor. Me robaron todo, esta noche me quedo de nuevo, está vacío, pero paso la noche”, interrumpió Norma Allende, una mujer que quería contar su historia.
Un poco más adelante estaba, también en San Vicente, Rosa, quien tiene la panadería Nueva Europa. A ella también le preguntamos si había visto saqueos el jueves, y la respuesta fue la misma: “No vinieron, pero nos vamos a quedar también a la noche. La gente tiene miedo. Te queda la sensación. No saben lo que se siente estar adentro de la panadería con la persiana baja y ver cómo quieren entrar”, comentó la mujer.
A dos pocas cuadras de ahí, estaba Samira junto con otros 10 comerciantes. En los saqueos le llevaron todo de su juguetería. Anoche se quedaba a pasar la noche. “Tuve que soldar todas las persianas, tenemos miedo. Todo el día limpiando el local, había mucha sangre porque se cortaban con los vidrios cuando entraban. ¡Cómo me voy a ir esta noche, me quedo!”, dijo la joven.
Esas mismas escenas se repitieron en Alta Córdoba, por citar a algunos de los barrios que sintieron el temor, pero en los que tampoco hubo saqueos. “Sacamos los cuchillos del bar y el palo de amasar. ¿Seguro que no vienen a robar?”, se preguntó otro comerciante, preso del miedo.
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