A la hora de escribir sobre el caso terminal del ordenamiento del tránsito en Resistencia es fácil caer en la tentación de pedir “mano dura” para terminar con miles de motociclistas sin cascos, remises truchos, autos fuera de toda condición de circular, alcoholizados y toda la fauna que maneja por esta selva de cemento donde sobreviven sólo los más aptos.
Una imagen que resulta hasta curiosa. Motociclistas con cascos esperando que un semáforo se ponga verde. Ventas récord de ese sector muestran a las claras que el caos no puede sino aumentar en el futuro inmediato.
Y esta es una ecuación que al municipio le cierra dado que el costo de los heridos en accidentes es solventado por la provincia mientras el municipio no tiene ningún costo (motivación) para terminar con el caos que -por el contrario- le resulta altamente rentable por vía de las multas.
Si Resistencia tuviese un nosocomio municipal es casi seguro que hace tiempo sus responsables hubiesen operado a nivel del Concejo para poner fin al enorme gasto de dinero y recursos humanos que significa cada herido en accidente.
Hoy ese es un problema que se le transfiere a la provincia y así el Hospital Perrando y el Pediátrico se ven abrumados por el flujo constante de heridos a los que hay que atender sin reparar en gastos. Con esta perspectiva y tratando de no caer en la tentación de culpar al facilismo de convertir a la tragedia humana en un hecho de politiquería es casi entendible que el municipio no haga nada serio ni con firmeza para terminar el desastre en que se ha convertido la ciudad, no hace ni hará nada por la sencilla razón que el caos de tránsito no le cuesta dinero y el problema pasa a ser provincial.
Burlándose de todas las ordenazas y con un claro desprecio de su propia vida esta mujer es el ejemplo de lo que es Resistencia en materia de motocicletas.
Nuestros impuestos municipales no sirven para que haya menos accidentes, Padres en la Ruta no alcanza ni tampoco los fantásticos controles en la avenida Sarmiento a las 4 de la mañana de los fines de semana cuando a las 2.30 el lugar es un aquelarre de alcohol, grotescas exhibiciones de dudosas cualidades conductivas y ni siquiera haya inteligencia administrativa como para destacar un observador que alerte cuando la situación se empieza a salir de control porque los irresponsables les tienen bien tomado el tiempo a los controles y estos actúan burocráticamente en su estrategia.
¿Qué sucedería si por cada lesionado en accidente dentro del casco urbano capitalino la municipalidad se viese obligada a pagar un canon a Salud Pública?
Casi con seguridad, aumentaría el plantel de inspectores, los controles serían más inteligentes que pedir documentación y habría un genuino interés por la salud del vecino. Tal vez sea sólo un interés motivado por lo económico, pero de cualquier manera siempre será en beneficio de la seguridad y de la vida.
La solución ahora
Este serio problema que involucra vidas humanas ya no soporta otro “foro”, ni la creación de una “comisión” ni mucho menos la “auditoría” de alguna consultora. Se trata de que alguien tome una decisión ejecutiva y políticamente costosa cual es ponerle freno al descontrol de miles de motos, carros y automóviles sin luces ni condiciones mecánicas de circular.
¿Se puede pedir a la policía provincial, recargada en su tarea diaria, que se haga cargo de una vez por todas de la firmeza de los controles? Ese es un tema que se debe plantear a nivel de ambos Ejecutivos pero lo cierto es que si no se actúa en lo inmediato y no se planifica a futuro cada día habrá más heridos que atender y la infraestructura de Salud no está preparada ni es su objetivo principal el atender las víctimas del caos vehicular.
Los ciudadanos que pagan religiosamente sus patentes, la verificación vehicular y tienen todo en regla hoy se sienten estafados con sólo salir a la calle. No hay que dejar que la anarquía se extienda ni tampoco hacer de ella una jugosa fuente de ingresos. Con la salud de las personas no se especula.
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