Los comicios del 14 de marzo en Francia pondrán a prueba la popularidad del presidente conservador, que aspira a su reelección en 2012. El descontento por el manejo oficial de la crisis fortalece al Partido Socialista.
Para las elecciones, según un sondeo difundido ayer por el instituo IFOP y la revista Paris Match, el partido oficialista Unión por un Movimiento Popular (UMP) tiene una intención de voto del 29,5 por ciento para la primera vuelta, medio punto por encima del Partido Socialista. Sin embargo, en la segunda vuelta, la centroizquierda vencería por un amplio margen, debido a alianzas con los ecologistas y otros partidos de izquierda que le darían más del 50 por ciento, dejando lejos al UMP, que no llegaría al 40 por ciento.
La primera vuelta será el 14 de marzo y la segunda –a la que pasan aquellos que hayan obtenido al menos un 10 por ciento en el primer turno– llegará una semana después. El socialismo tiene en su poder, desde 2004, la presidencia de 24 de los 26 departamentos.
No obstante, en un país unitario y muy centralizado, los presidentes de las regiones resultan a tal punto insignificantes para los franceses que, según una encuesta, el 70 por ciento de los habitantes desconoce quién es el mandatario que preside su región.
Luego del triunfo de junio pasado en las elecciones europeas, Sarkozy parecía el principal candidato a ser su propio sucesor. Hoy, su panorama es más sombrío: en un marco de crisis dentro del cual aumenta el desempleo, el gobierno endurece su política contra la inmigración, propone privatizaciones y aumentos en la edad para jubilarse, no sin generar descontento y protestas. A eso se sumaron episodios como la polémica designación del hijo del presidente Jean –quien nunca asumió– al frente del barrio de negocios de París o la acusación contra su ministro de Cultura, Frédéric Mitterrand, por realizar turismo sexual en Tailandia.
En ese contexto, el socialismo parece haber al menos silenciado sus peleas internas y vuelve a ser una opción de peso (ver recuadro). En el partido oficial, los militantes y dirigentes de UMP no dejan de alinearse tras Sarkozy, pero el frente interno tiene un nuevo actor reinventado luego del affaire Clearstream: Dominique de Villepin, ex primer ministro de Chirac, quien fue absuelto en enero, luego de ser acusado por Sarkozy de haber participado en la campaña de difamación que sufrió antes de ser elegido.
Ahora, De Villepin asegura que quiere ser candidato a presidente en 2012 y recorre Francia en busca de apoyo político. El sondeo de IFOP revelado ayer muestra que su imagen positiva está en el 57 por ciento, lo que para los analistas es una prueba elocuente del crecimiento del "antisarkozysmo".
El presidente francés, por su parte, aseguró que deberá escuchar el mensaje de las urnas.
Último round para Le Pen
La elección de marzo será la definitiva para el presidente del ultraderechista Frente Nacional (FN), Jean-Marie Le Pen, que a pesar de sus 81 años no ha suavizado su discurso. Asegura que el problema de Francia "es la inmigración masiva" y el vínculo directo de ésta con el aumento de la inseguridad.
Le Pen, que en 2002 pasó al ballottage y perdió ante Chirac, es hoy candidato al gobierno regional de Paca. Según las encuestas, su partido no ganará en ninguna región, pero su votación nacional ronda el 9 por ciento. El FN ya discute quién reemplazará a Le Pen cuendo deje la jefatura en 2011. La sucesora natural es su hija, Marine, candidata en Nord-Pas-de-Calais, quien hizo carrera como defensora de las consignas del partido.
La cara socialista que vino del FMI
La esperanza de la centroizquierda francesa es el director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn. El hombre que perdió la candidatura presidencial en 2007 frente a Ségolène Royal tiene hoy popularidad suficiente como para representar al Partido Socialista en las elecciones de 2012. Las encuestas le otorgan a Strauss-Kahn un 76% de imagen positiva, una popularidad sólo comparable a la del ex presidente francés Jacques Chirac.
En un esquema bipartidista como el francés, la baja en la imagen del presidente hace que todos miren al socialismo, que busca una figura aglutinadora y que hasta el calamitoso 16% de votos obtenidos en las elecciones europeas de junio de 2009 se movió al ritmo de las peleas entre su presidenta, Martine Aubry, y su rival interna, Royal.
Hoy la situación es otra: Sarkozy está en baja y las regionales auguran un reposicionamiento de la centroizquierda. Esto puede catapultar a Strauss-Kahn, que deberá renunciar antes de tiempo al FMI si se quiere sumar a la carrera electoral.

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