La Selección argentina de hockey sobre patines llegó a la provincia después de consagrarse en el Mundial de Francia. 50 mil sanjuaninos los veneraron.
Seguramente ni en el más remoto sueño se lo podrían haber imaginado. Desde sus inicios, como todo jugador, soñaron con ser campeones del mundo, y ahora que lo lograron, seguramente lo vivido superó sus expectativas. "Resulta difícil explicarlo porque no me entenderían", expresó emocionado el mendocino Valentín Grimalt dirigiéndose al colmado estadio Aldo Cantoni. Y eso reflejó las sensaciones de la Selección argentina de hockey sobre patines que ayer arribó a San Juan y fueron recibidos no como campeones, sino como reyes. Con una multitud en las calles sanjuaninas que según cifras de la Policía de San Juan, fueron cerca de 50 mil desde que pisaron la provincia por la tarde hasta que finalizaron con una gran fiesta en el coloso del Parque, ya entrada la noche.
Porque así merecía serlo. Porque se lo ganaron con el esfuerzo y el sudor derramado en esa camiseta. La Albiceleste finalizó en lo más alto del mundo el pasado sábado y esos jugadores demostraron ser héroes de carne y hueso. Y claro, como son humanos, también tuvieron sentimientos y esa sensibilidad quedó a la luz en la extensa jornada del lunes.
Arribaron al país en la mañana y después de ser recibidos por el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, en la Casa Rosada, ahí nomás se subieron a otro avión para volver a Cuyo. Ese era el destino más esperado. Llegar a reencontrarse con "su" gente. Exactamente a las 16.33 aterrizó el vuelo en el aeropuerto de Mendoza, donde un centenar de personas esperaban. El primero en abrazarse con el público fue Lucas Ordoñez, quien bajó con la Copa en sus manos. La "orejona", para los hockistas. El "Dale campeón, dale campeón..." despertó a todos los mendocinos. Después de los abrazos interminables, se subieron al colectivo que los trasladó a tierras sanjuaninas a puro bocinazo.
Adentro del colectivo, la felicidad de los campeones contagiaba a todos. Primero, brindaron con gaseosas y después de almorzar sánguches de miga, comenzaron los festejos que se extendieron durante las dos horas de viaje hasta San Juan. No pararon ni un minuto. Gonzalo Romero y Lucas Ordoñez encabezaron la batuta. David Páez (quien viajó acompañado por su hijo, Nicolás) junto al "Pichu" Martín Riveros (Preparador físico) fueron los que trataron de ponerle un poco "seriedad", aunque más de una vez se prendieron en los chistes del resto.
Parados en el pasillo, saltaron, se abrazaron y festejaron algo que será único en sus vidas. "Borombombon...borombombon, el que no salta, es español", fue uno de los hits que hicieron mover el colectivo en pleno andar. Ordoñez, a pleno canto, se animó a imitar al "Charango" y despertó las risas en el resto. Nadie jamás se quedó quieto. Romero cambió su rol de jugador por periodista, y entrevistó a sus compañeros haciendo las veces de cronista improvisado para la página de Internet de DIARIO DE CUYO. Siempre con bromas de por medio. También hubo tiempo para el baile, y el cuarteto fue elegido por Carlitos Nicolía y Josi García. Ahí sí, danzaron todos.
"¿A qué hora llegamos?", preguntaban desde el fondo del colectivo. No era porque venían aburridos, sino porque estaban ansiosos por encontrarse con sus seres queridos. La primera bienvenida en suelo sanjuanino se dio en Tres Esquinas y luego en Media Agua, donde resultó imposible no detenerse. Todo el pueblo había salido a recibir a los campeones y ellos, fiel a su humildad, bajaron unos minutos para agradecer ese cariño.
Esa postal fue la primera de las infinitas que vinieron después, ya entrada la tarde sanjuanina. Porque ya en Pocito, en la Villa Aberastain por ejemplo, todo el mundo quería estar. Todos salieron a saludar a los campeones. Hasta que llegaron al Bicentenario. Allí fue el primer contacto con sus familias, previo a subirse a la autobomba de los Bomberos. El beso de Ordoñez con su mujer, la también hockista y campeona mundial, Leticia Corrales; el reencuentro de Carlos Nicolía con su novia, Flavia, y su hijo Cristiano, fueron emociones fuerte para todos. En ese lugar, también los esperaban el gobernador, José Luis Gioja, y el vice, Sergio Uñac, quienes posaron para la posteridad con los flamantes monarcas.
Nadie pensó lo que los esperaba después. Una caravana difícil de estimar y el saludos de quienes al costado del camino salieron a recibirlos. El Aldo Cantoni lució repleto, como en las grandes jornadas del hockey. Los discursos de cada integrante del plantel y el cuerpo técnico le dieron el broche de oro a un lunes imborrable.
Llegaron los héroes. Los campeones. Los reyes. Esos que fueron capaces de romper cualquier pronóstico y demostrar el amor que tienen por su tierra, por sus raíces. Por todo eso, ellos se merecían vivir lo que vivieron ayer. Si después de todo, ellos se lo ganaron...



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