Procesaron a un hombre por el brutal crimen de su mujer

Procesaron a un hombre por el brutal crimen de su mujer
La resolución fue dictada por el juez Marcelo Benavides en contra de Jaime Orellana, quien habría apuñalado a Mónica Arambuena.

La crónica de una muerte signada por la violencia de género y que se inscribe en un hogar marginal del Oeste sumó ayer un nuevo capítulo: Jaime Alfredo Orellana, el hombre imputado por el asesinato de su mujer, Mónica Arambuena, fue procesado con prisión preventiva.

El juez Marcelo Benavides le atribuyó el delito de homicidio calificado por su calidad de conviviente con la víctima, que en la instancia de juicio prevé la prisión perpetua.

El crimen ocurrió en la medianoche del 22 de febrero de este año, cuando el imputado se encontraba con su pareja en el interior de una precaria vivienda ubicada en la manzana T, lote 3, del barrio Belén.

Los dos bebían alcohol cuando comenzaron a discutir y Orellana tomó un cuchillo y apuñaló a su pareja. Lo hizo delante de dos hijos, de 11 y 13 años.

De nada sirvieron las denuncias que había hecho la mujer ante la Justicia y la Policía, ni los intentos por encontrar otro techo donde vivir junto a sus hijos lejos de las amenazas, los golpes y el peligro de muerte.

“Alfredo era muy agresivo, le tiraba o le pegaba con lo que encontraba, potenciado por el alcohol, y las peleas eran por cosas simples”, dijo una mujer que conocía a la pareja hace tiempo y declaró como testigo.

“La trágica situación fue la consecuencia de su negativa a acostarse con Orellana, como en otras oportunidades en que el mismo daba cuenta de su carácter violento, potenciado por el alcohol, que culminaban con golpizas y amenazas de muerte hacia la mujer y sus hijos”, valoró el magistrado en la resolución.

Luego del brutal ataque, Orellana huyó de la casa y se llevó el arma homicida, que nunca apareció. La Policía lo encontró a unos 300 metros, corriendo con el torso desnudo por una plaza cercana. Se identificó con su nombre y le dijo a un oficial: “Me mandé una macana”.

"A este lo voy a matar"

Uno de los chicos que vio el ataque a su madre salió corriendo detrás de Orellana hacia un descampado y en la persecución hay testigos que recuerdan que gritaba: “A este lo voy a matar por lo que le hizo a mi mamá”.

Los dos estaban alcoholizados, pero no es posible inferir para el juez que Orellana “estuviera en un estado de inimputabilidad que le impidiera dirigir sus acciones y comprender la criminalidad de su accionar”.

De acuerdo a las testimoniales y las conclusiones de los médicos forenses, el magistrado advirtió en su resolución que el imputado comprendía la gravedad de lo que acababa de hacer, de manera que huyó del hogar conyugal con el arma homicida, la cual ocultó de tal forma que sigue sin aparecer.

“Se suma el testimonio del efectivo policial que, alertado de lo sucedido, observa al sospechoso pasar corriendo por una plaza cercana pero en forma normal, sin tambalearse, y con un estado de conciencia tal que le permite proporcionar sus datos personales repitiendo “me mandé una macana”, signo de que no había alcanzado los umbrales de la ebriedad absoluta completa e involuntaria como supuesto de eximente de responsabilidad, contraviniendo lo declarado en su descargo cuando relata que no recuerda nada de lo sucedido”, sostuvo el magistrado.

Si bien la víctima también había tomado alcohol, no hay nada que permita concluir que ella intentó agredirlo.

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