En su primera misa como Papa, Francisco llamó el jueves a la Iglesia Católica a ceñirse a sus raíces en el Evangelio y a rechazar las tentaciones modernas y advirtió que se convertiría sólo en otro grupo de caridad si olvida de su verdadera misión.
“Podemos caminar todo lo que queramos, podemos construir muchas cosas, pero si no proclamamos a Jesucristo, algo está mal. Nos convertiríamos en una ONG piadosa y no en una Iglesia que es la novia de Cristo”, agregó, hablando en italiano.
Los pasos iniciales del primer Papa no europeo en 1.300 años sugieren que llevará un nuevo estilo al papado y favorecerá la humildad y la simplicidad por sobre la pompa, la grandeza y la ambición entre sus máximos funcionarios.
Mientras que su predecesor, el Papa Benedicto XVI, realizó su primera homilía en latín y presentó su visión amplia para la Iglesia, Francisco adoptó el tono de un sacerdote de parroquia y se concentró en la fe.
“Cuando caminamos sin la cruz, cuando construimos sin la cruz y cuando proclamamos a Cristo sin la cruz, no somos discípulos del Señor. Somos mundanos”, dijo ante los cardenales vestidos con ropajes dorados.
“Podremos ser obispos, sacerdotes, Papas, todo esto, pero no somos discípulos del Señor”, agregó.
Su austeridad
Más temprano, el Papa Francisco salió silenciosamente del Vaticano para rezar en busca de orientación en una de las principales basílicas de Roma para luego volver brevemente a una residencia para sacerdotes donde había dejado su equipaje antes de entrar al cónclave secreto el martes.
Francisco, que tiene reputación de austero, insistió en pagar la cuenta. “Estaba preocupado por dar un buen ejemplo de lo que sacerdotes y obispos deberían hacer”, dijo un portavoz de la Santa Sede.
El sacerdote Pawel Rytel-Andrianik, quien vive en la residencia del centro de Roma en la que se hospedó el Papa, dijo a Reuters: “No creo que tenga que preocuparse por la cuenta. La casa es parte de la Iglesia, y ésta ahora es su Iglesia”.
Buena salud
Francisco pospuso unos días un viaje al palacio de verano de Castel Gandolfo, al sur de Roma, para reunirse con su antecesor Benedicto XVI, quien el mes pasado se convirtió en el primer Papa en 600 años en renunciar al decir que estaba demasiado frágil como para abordar todos los problemas de la Iglesia.
El Papa, con 76 años, es mayor que muchos otros de los cardenales que eran candidatos al papado y su edad fue una de las varias sorpresas relativas a la elección del nuevo líder católico.
“Llegar a los hombres y mujeres”
El Vaticano dijo el jueves que estaba en “muy buena forma” a pesar de haberse sometido a una operación de remoción de un pulmón hace más de 50 años.
Bergoglio es el primer Papa jesuita, una orden dedicada tradicionalmente a servir al papado, y el primero en adoptar el nombre de Francisco, en honor al santo italiano de Asís del siglo XII que rechazó la riqueza para seguir una vida de pobreza.
Ningún experto sobre el Vaticano esperaba que el argentino conservador fuera elegido y el jueves comenzaron a conocerse algunos detalles sobre la votación.
El cardenal francés Jean-Pierre Ricard dijo a periodistas: “Estábamos buscando un Papa que fuera espiritual, un pastor. Pienso que con el cardenal Bergoglio tenemos ese tipo de persona. También es un hombre de gran intelectualidad quien, creo, además es un hombre de gestión”.
Ricard agregó que algo que Bergoglio dijo durante las reuniones con los cardenales antes del cónclave también impresionó a los 115 electores.
“Dijo que la Iglesia no podía ser realmente la Iglesia de Cristo si se enfocaba solamente en sí misma y sus problemas internos, sino que debía llegar a los hombres y las mujeres en la periferia que se sentían lejos de la misma”, agregó.
La moral de los fieles ha sido golpeada por una ola de escándalos de abusos sexuales y una lucha intestina en la administración del Vaticano, o Curia, que muchos en la Iglesia consideran que necesita una reforma radical.
Cambio de dirección
La elección respondió algunas preguntas fundamentales sobre la dirección de la Iglesia en los próximos años.
Después de más de un milenio de liderazgo europeo, los cardenales electores miraron hacia América Latina, donde vive un 42 por ciento de los católicos del mundo. El continente está más concentrado en la pobreza y el auge de las iglesias evangélicas que en temas como el materialismo y los abusos sexuales, que predominan en Occidente.
Analistas de medios italianos dijeron el jueves que el poder del bloque elector italiano entre los cardenales, que representa casi un cuarto del total, había quedado minado por el escándalo conocido como “Vatileaks” que reveló luchas internas y corrupción dentro de la Curia.


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