Por Pablo Salgado
No leer y hacer una autocrítica de los números de ayer es por lo menos temerario. El gobierno seguramente intentará algo de eso, que le cuesta mucho, pero esperen sentados si lo presentará ante las cámaras.
El perfil del kirchnerismo, construido siempre desde abajo, desde aquel ya mítico 22% de Néstor en el 2003, y plasmado en el tiempo, impide a sus cuadros K exponerse al destrozo en TV presentándose débiles revisando los números de ayer.
Será un análisis en la mesa chica, y veremos en los temas, las decisiones y los proyectos, el perfil de las modificaciones, y entenderemos si en la interna ganan los halcones o las palomas, los moderados o los delirantes.
Pensando en el oficialismo, un primer paso sería terminar de enunciar únicamente que el FPV es "la primera fuerza del país". Esta afirmación, que es cierta, despierta, en los críticos, ira, y en el gobierno, la imposibilidad de salir de ese concepto encriptado, cerrado, y empezar a mirar no solo los dos años que quedan, sino también el futuro luego del 2015, con Scioli, Paco Pérez, Urribarri o Randazzo.
La ira de los críticos responde a una pulsión clásica de los antikirchneristas. Hierve su sangre si no ven sufrir y llorar a los candidatos K en vivo y en directo, y si es en TN, mejor.
El FPV sabe moverse en aguas turbulentas. En los momentos complicados nacieron los proyectos que hoy por ejemplo, le dan a Cristina una imagen positiva del 52,5%. Número que creemos se incrementa por el posoperatorio y por el cierre definitivo de la posibilidad de la re-reelección. Una imagen positiva que suena a homenaje y principio de despedida, pero también de escucha sobre quien será el sucesor. ¿Será el dedo de Cristina o la interna del PJ?
Por el lado de la oposición, que hoy goza de un triunfo en Buenos Aires más amplio de lo que se pensaba, y de una consolidación del PRO en Capital, más Cobos, Binner, Schiaretti, De Ángeli, etc. quizás el mayor error sea insistir como lo hicieron ayer y hoy con el tema del "fin de ciclo".
Ese es otro concepto que los inmoviliza, una frase absoluta, cerrada y encriptada que no beneficia para nada a quienes han recibido un apoyo importante de los votantes, pero que el 10 de diciembre no demorarán un minuto en exigirles todo aquello que reclamaron en el 2009, y que la oposición no supo darles. Los números del 2011 fueron la respuesta a esa incapacidad.
El miedo a que Massa sea otro De Narváez también está latente, aunque esta vez el tigrense arma un proyecto con muchas ramas y con una base política y económica fuerte, con contactos desde el PRO hasta radicales, progresistas y otros.
Los sectores de apoyo acompañan, pero también pasan su factura: ¿Alguién se imagina a Massa reclamandole a Clarín adaptarse a la Ley de Medios?
Aqui también un dato para el gobierno. Al 60% de los argentinos no le interesa ni le importa la cruzada por los medios. Es paradójico, pero el mismo gobierno que le ofrece la televisión digital gratuita, le brinda también el marco económico con buenos niveles de consumo para que tenga cablevisión o direct TV. Y la mayoría se inclina por lo segundo.
Para muchos argentinos molesta más la prepotencia de Moreno que los resultados que esa maniobra brinde. Algunos prefieren "cuidar las formas", antres que las presiones por los precios. Además, millones sienten que los resultados obtenidos en las góndolas no son satisfactorios.
Reitero, no ayuda a nadie encerrarse en "primera fuerza del país" y punto, o "fin de ciclo", y abran la puerta de la Rosada que ahi vamos. Pierden los dos sectores, y perdemos nosotros.
Los anuncios, los tiempos y las responsabilidades son siempre diferentes cuando un sector político es gobierno u oposición. Ayer los cronistas casi obligaban a Scioli a presentarse como candidato a presidente para el 2015. El gobernador maneja otros tiempos, cree que todavía no es el momento. Y la gran duda es si ese futuro para DOS se dará desde la continuidad del kirchnerismo, o nacerá por quiebre y ruptura.
Aprendamos del pasado, hace más de 20 años, nos presentaron un proyecto de país que nos instalaba sin escalas en el primer mundo, y no preguntamos por los daños colaterales, no leímos el prospecto adentro del envase... y así nos fue.
Hoy es fundamental que interpelamos a todos. Ganadores y perdedores, sobre sus planes y proyectos. No hay medida que no afecte a un sector. Política, social o económica. Debemos exigir que muestren siempre los posibles daños colaterales de las propuestas.
- No hay asignación universal sin retenciones a la soja.
- No hay jubilación pública sin afectar intereses de sectores de poder y sin entrar en un reparto solidario.
- No hay reindustrialización sin un férreo control de las importaciones.
- No hay proyectos para fomentar el consumo sin intervención del estado.
- No hay PROCREAR sin ANSES inyectando fondos a la sociedad.
- No hay control de precios sin medidas algunas veces antipáticas.
- No hay devaluación sin dolor, especialmente de los más desprotegidos.
- No hay negociación de deuda sin escarnio internacional.
¿Obsesión por la inflación o por el crecimiento?
¿Qué es lo más importante?
Lo importante es mantener lo logrado, convertirlo en cuestión de estado, y reclamar por lo que falta a todos, y preguntarnos qué proyecto de país queremos. Qué tipo de Argentina buscamos, cuánta preocupación pondremos en buscar primero, la inclusión y la protección lograda hacia millones, y luego el desarrollo para los más fuertes.
Más desarrollo, luego del crecimiento, convencidos ya de algunas cosas: no más neoliberalismo, no más economía salvaje, no más clientelismo, no más copas que derraman... porque no derraman nunca.
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