José Carrabba vive en Maipú, de donde se trasladó caminando hasta la capital provincial de la fe.
José Carrabba vive en Maipú, Mendoza, un poblado que queda a una distancia de casi 300 kilómetros de la capital puntana, un trayecto que fue recorrido a paso de hombre durante diez días en cumplimiento de una promesa asumida con el Cristo de la Quebrada hace veinte años.
"Salí el 8 de abril a las 7 de la mañana de Maipú y llegué a la Villa el 18 a las 9. Hice el recorrido en diez etapas que incluyeron paradas en distintas localidades a comer y descansar para poder continuar con la caminata", explicó el fervoroso creyente, quien a sus 44 años ya perdió la cuenta de las veces que arribó a San Luis para participar de la fiesta religiosa más importante de la provincia, ya que las visitas anuales a Villa de la Quebrada es una tradición familiar que heredó de sus padres.
Carrabba dijo que el tiempo que le llevó completar la travesía se acercó al que tenía estipulado, salvo por un día de retraso que escapó a su voluntad por las ampollas que cosechó producto de la fricción constante del andar a pie.
"Al llegar al arco de Desagüadero continué las etapas con normalidad, como las había previsto. Llegué a Alto Pencoso donde paré toda la noche, con otra parada en Balde. De ahí caminé hasta la rotonda de La Punta, de donde salí a las 4 de la mañana y llegué a la Villa a las 9", señaló el peregrino que se adelantó primero que todos a las fechas oficiales de la festividad que se conmemorará recién hoy con distintas actividades (ver pág. 2).
Entre las motivaciones que llevaron a Carrabba a realizar la primera gran caminata de su vida por una causa religiosa, está la promesa que le hizo al Cristo de la Quebrada hace dos décadas para que su hija naciera con buena salud.
"Decidí venir solo porque es una travesía de muchos días a la que no me podían acompañar familiares o amigos. Esto no se hace si no es con la fe que a uno lo mueve a venir a este lugar que visito desde que era niño. Por ahora no tengo una nueva meta pero no se sabe las cosas que le pueden pasar en la vida y en el momento de pedir uno solamente se encomienda, pide y después hay que cumplirlo", indicó.
Luego de completar su ofrenda, el mendocino regresó inmediatamente a la vecina provincia en el automóvil de un amigo y ya en su propia movilidad, volvió hace casi una semana con su familia para participar durante toda esta semana de las actividades previstas, ya que también colabora como portador del Cristo durante la procesión central hacia el Vía Crucis.
"La fe es algo que a uno lo mueve del corazón. Otras veces subí el calvario de rodillas, son cosas que las hago por la fe que tengo hacia Jesús, algo que le agradezco a mi viejo que ha sido muy devoto y que me legó de niño", aseguró Carrabba, quien expresó haber tenido "una sensación inexplicable" al ingresar a Villa de la Quebrada, luego de recorrer casi 300 kilómetros a pie, un acto de sacrificio comparable con "mover una montaña".
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