“Hermanos y hermanas, buenas noches”, esas fueron las primeras palabras que pronunció como Francisco I quien hasta hace unas horas era el cardenal Jorge Bergoglio.
Escoltado por el protodiacono Jean-Louis Tartan, de quien salió la esperada frase en latín “Habemus Papam”, Bergoglio pidió a los fieles reunidos en la plaza una oración “para que todo el mundo sea una gran hermandad” y condujo una multitudinaria oración por Benedicto XVI, su antecesor. Después, les pidió que recen "en silencio" por él.
Sin llegar a las lágrimas, pero con una notoria emoción, agradeció varias veces la bienvenida brindada por las miles de almas que coreaban su nombre. “Quiero bendecirlos a ustedes y a todo el mundo, a todos los hombres de buena voluntad”. Y pidió paz para la Iglesia.
"Auguro que este camino de la Iglesia que hoy comenzamos y en el que me ayudará mi cardenal vicario aquí presente, será fructífero para la Iglesia y para esta bella ciudad”, dijo casi sobre el final de su mensaje.
“Nos vemos pronto. Voy a rezarle a la Virgen para que proteja toda Roma. Buenas noches y buen descanso”, finalizó.


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