Hasta el martes a la noche, Juan Carlos Ayala, que no pasa los 25 años y tiene raíces guaraníes, dormía en la celda 6 del pabellón E del Complejo Penitenciario Federal Nº 1 de Ezeiza. Hoy, nadie sabe dónde está ni como logró evadirse de una cárcel que de máxima seguridad sólo conserva la calificación.
Pocos saben cómo un hombre de casi dos metros de altura pudo escabullirse de una celda pequeña, como si se lo hubiera tragado la noche. Los agentes de Inteligencia del Servicio Penitenciario Federal trabajaban n el lugar y manejaban vagos indicios de cómo se habría interpretado la fuga.
"Es una vergüenza. La verdad, que otra cosa no se puede decir de cómo se maneja la seguridad de este complejo. En los últimos tiempos volvió gente que no debería haber regresado a la función. No se les puede ir un tipo así, sin que sepan siquiera por donde se les fue", se quejó un oficial penitenciario que estuvo en el lugar.
El enojo de la fuente tiene sus buenos fundamentos. Hace tan sólo seis meses, fueron 13 los internos que se fugaron del mismo complejo, aunque en esa ocasión los detenidos escaparon del Modulo 3, lo que provocó la renuncia de Víctor Hortel, entonces director nacional del SPF (ver recuadro).
Una fuente del SPF le confirmó a Tiempo Argentino que la técnica elegida por Ayala para salirse del encierro habría sido bien simple. "Esperó que llegue la guardia que menos controlaba y dejó dos frazadas y una almohada en la cama de la celda simulando que él estaba ahí. El celador pasó a cerrar la puerta y pensó que el preso estaba durmiendo", detalló el vocero, que agregó que, en realidad, el prófugo habría escapado desde una ventana del Salón de Usos Múltiples (SUM). "Saltó el muro, caminó pegado para que desde las garitas de seguridad no lo descubrieran, y después saltó un alambre de más de cuatro metros de altura. Para no cortarse con las púas, seguro se llevo algo para enrollar", añadió la fuente.
Por el caso, el director nacional del SPF, Emiliano Blanco, ordenó que los agentes del sector fueran separados de sus cargos y puestos a disposición del juzgado federal de Lomas de Zamora, a cargo de Alberto Santamarina.
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