De acuerdo a un relevamiento de mapas del SMN, de enero a agosto llovieron unos 200 milímetros menos de la media anual en la totalidad del territorio provincial
Según consignaron especialistas consultados por DIB, el déficit de lluvias afecta a la totalidad de la provincia, aunque la zona más perjudicada es el noroeste, donde las precipitaciones se produjeron en un 50 por ciento debajo de lo normal. Asimismo, de acuerdo al análisis de los climatólogos, la sequía será una constante durante varios años, así como también la inestabilidad climática.
“El invierno se presentó más seco de lo habitual, y se nota un secamiento hacia el oeste bonaerense, aunque la perspectiva para el último trimestre del año está dentro de lo normal”, dijo el climatólogo del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), José Luis Stella. Sin embargo, precisó que no está previsto que septiembre sea un mes lluvioso, lo que podría agravar las condiciones de los cultivos, sobre todo del trigo, el maíz y la siembra forrajera.
Asimismo, según el agroclimatólogo especialista en cambio climático de la UBA, Eduardo Sierra, “para normalizar la situación de los cultivos tendrían que llover unos 100 milímetros en un lapso de dos o tres semanas, porque si las precipitaciones se dan de manera abrupta los terrenos se inundan, pero si se dan aisladamente se los lleva la evaporación”. Sin embargo, consideró que eso no va a suceder y que recién a partir de octubre se empezarán a recibir lluvias significativas, de manera que será “una transición difícil”.
De acuerdo a un relevamiento de mapas del SMN, de enero a agosto llovieron unos 200 milímetros menos de la media anual en la totalidad del territorio provincial, y aunque se espera que en la primavera comience el periodo de regularización, “es muy probable que el año finalice en déficit”.
En tanto, desde el Instituto de Clima y Agua del INTA, explicaron que durante esta época del año existe además una variación que se da de acuerdo a la situación geográfica, ya que las precipitaciones decrecen en dos ejes: de este a oeste y de norte a sur. Asimismo, destacaron que si bien existe una condición general de déficit hay localidades que no se encuentran tan complicadas, debido a que han recibido buenas precipitaciones durante algunos meses del otoño. “Por ejemplo en el sudoeste -puntualmente en Coronel Pringles y Tres Arroyos- en julio tuvieron mayores precipitaciones que el resto de la provincia, y eso ha contribuido a mejorar la humedad de los suelos”, explicó el climatólogo del INTA, Ricardo De Ruyver, aunque aclaró que pese a ser de los distritos menos castigados por la falta de agua, Tres Arroyos también se encuentra en déficit.
MÁS COMPLICADOS
El noroeste bonaerense es la región más castigada por la sequía, debido a que localidades como Pehuajó, Trenque Lauquen y Carlos Casares, recibieron tan sólo el 50 por ciento de las precipitaciones correspondientes a la media anual.
De acuerdo a un relevamiento del INTA al que tuvo acceso esta agencia, en Pehuajó, donde la media de enero a agosto es de 465 milímetros, las lluvias recibidas estuvieron muy por debajo de los 300 mm, al igual que en Carlos Casares, donde superaron por poco los 200 mm. Asimismo en Trenque Lauquen llovieron hasta ese mes solo 280 mm, la mitad de lo normal.
En tanto, las precipitaciones de las últimas horas, trajeron alivio para los cultivos, ya que en algunas zonas de Pehuajó llovieron entre 20 y 30 mm; mientras que en el centro de Trenque Lauquen cayeron unos 20 mm y hubo lugares que registraron el doble. Sin embargo, según dijo a DIB el tesorero de la Sociedad Rural trenquelauquense, Rosendo Bilbao, “hay que tener en cuenta que los días que vienen son más largos, con temperaturas más altas, y que la necesidad de lluvias comienza a incrementarse, debido a que el agua se evapora rápidamente”.
En Junín, donde los productores también se encuentran muy preocupados por la falta de agua, los cálculos advierten que las lluvias se han producido de acuerdo a lo normal. Sin embargo, la problemática gira en torno a la inestabilidad, ya que mientras en agosto no llovió nada, en julio las precipitaciones se dieron de acuerdo a lo normal; pero en junio hubo un déficit del 50 por ciento, y en mayo estuvieron un 130 por ciento arriba de la media; en tanto en abril también había llovido la mitad de lo esperado.
PERIODO DE SEQUÍAS
Según explicó el agroclimatólogo Eduardo Sierra, se inició un nuevo periodo climático a partir del calentamiento del Océano Atlántico, que durará unos 25 años y estará signado por la inestabilidad y las sequías. “El óptimo climático, que permaneció alrededor de 30 años terminó en 2005, y fue un periodo muy bueno, con precipitaciones parejas, que colaboraron para que la agricultura se difunda en zonas no convencionales o regiones exclusivas de la ganadería. Pero ahora, con el calentamiento del Atlántico se inició otra etapa, que estará marcada por la inestabilidad”, señaló Sierra.
De acuerdo a sus estimaciones, este nuevo ciclo durará más de dos décadas, y estará dominado por el clima oceánico que es mucho menos regular que los climas continentales. “Al calentarse el Atlántico las tormentas se concentran en las costas y no en el interior. En Argentina hay tormentas fuertes sobre el litoral fluvial, y por eso creció el Paraná, pero las lluvias no llegan al oeste ni al sudoeste del área agrícola como La Pampa o al oeste de Buenos Aires ni al sur de Córdoba, etapa de sequía que se ha vuelto semi permanente”, explicó.
Además, según indicó “la inestabilidad provocó que las lluvias de verano y otoño de este año fallaran, por lo que la sequía se viene acumulando, y ahora le está faltando agua a los trigos para formar su rendimiento”.
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