En Luro suelen circular con la misma rapidez que en la ruta 226. También sucede en Champagnat, acceso de la autovía 2. El gobierno municipal promete la implementación de radares fijos y móviles en los puntos conflictivos.
En abril de 2013, Eliana Nicuez (32) cruzaba la avenida Luro junto a sus hijos de 3 y 7 años cuando un auto los atropelló y mató a los tres. El accidente, que conmocionó a la ciudad, se produjo en la intersección con la calle 182, uno de los puntos que preocupa a las autoridades por la costumbre de muchos de conducir en las avenidas de acceso a Mar del Plata a la misma velocidad que en las rutas.
No es inusual ver automóviles que corren a toda velocidad por Luro luego de ingresar por la ruta 226. Es decir que ingresan al sector urbano sin disminuir el ritmo que llevaban en la autopista. "Ese ingreso es terrible", dijo a LA CAPITAL el fiscal de Delitos Culposos Pablo Cistoldi. Y agregó: "Estamos preocupados porque sabemos que a la noche viene la gente con todo. Muchos no paran en los semáforos por una cuestión de seguridad".
Ese es un factor adicional: los semáforos en Luro están, el problema es que hay conductores que a la noche eligen no respetarlos para evitar hechos de inseguridad.
En avenida Champagnat y su continuación rumbo a la ruta 2, Monseñor Zabala, también son frecuentes los accidentes de autos que van a gran velocidad. "La conflictividad generalmente está planteada en el hecho de que muchas de esas avenidas han sido parte de las extensiones de ruta. Por caso, Champagnat fue pensada como una avenida de circunvalación. Y hoy no lo es: es una avenida urbana", explicó el director operativo de Movilidad Urbana del municipio, Máximo Mazzuchi.
"En el caso de los ingresos por la rutas 226 y la 2, las delimitaciones urbana y rural no quedan claras, y algunos conductores tienen la sensación de que todavía están conduciendo en una ruta cuando ya están en un sector urbano", admitió.
Toda la política que lleva adelante el municipio en materia de seguridad vial, indicó Mazzuchi, tiene un objetivo esencial: calmar el tránsito. "Para eso, tenemos dos variables centrales: una es el control, que es llevado adelante por la Dirección de Tránsito y la Agencia Nacional de Seguridad Vial, y otra es la infraestructura tendiente a reducir las velocidades en aquellos sectores que aparecen como más comprometidos", puntualizó.
La mejora en la señalización vertical y horizontal, el desarrollo y modernización de la red de semáforos y la instalación de reductores de velocidad forman parte de esa política.
Pero Mazzuchi aclaró que los típicos lomos de burro, diseminados en distintas calles de la ciudad cerca de esquinas peligrosas, no serían convenientes en las avenidas de acceso. "No cumplirían su objetivo. Es una solución que puede generar más problemas", advirtió.
Según el funcionario, no es lo mismo colocar un lomo de burro en una calle donde los autos circulan a 40 kilómetros por hora y deben frenar en la esquina que ponerlo en una avenida en que se recomienda circular a 60 kilómetros por hora. Mazzuchi insistió: "Puede ser una muy mala decisión de seguridad vial porque podría generar accidentes. Por más que esos reductores de velocidad se señalicen, estaríamos corriendo un riesgo".
Tachados los reductores en la lista de las posibles soluciones para disminuir la velocidad en las avenidas de acceso, el municipio puso en marcha una licitación para incorporar radares fijos y móviles, incorporar cámaras e instalar sensores para detectar infracciones de tránsito. "Se van a estar incorporando en los próximos meses", prometió Mazzuchi.
"En el caso de los radares ?puntualizó? se establecen en las avenidas más importantes y en los sectores que identificamos como más conflictivos. Los fijos van a estar dos o tres meses en un mismo lugar, y los móviles (llevados por camionetas) van a ir desplazándose por distintos sectores de la ciudad. En ambos casos, emitirán fotomultas que luego serán llevadas al Juzgado de Faltas". Las mejoras en infraestructura, apuntó el funcionario, tratan de responder a las necesidades de una ciudad en continua expansión. "Hay sectores de Mar del Plata en los que antes sólo había ruta y ahora hay barrios", subrayó.
Uno de los puntos más conflictivos es el del barrio La Herradura, ubicado a la vera de la ruta 226. A principios de septiembre, un chico de 12 años murió tras ser atropellado por un vehículo que se desplazaba de Mar del Plata a Sierra de los Padres. El niño fue embestido luego de bajar de un colectivo. Enseguida, vecinos del barrio reclamaron medidas de seguridad y la construcción de un puente que cruce la autovía. En el gobierno municipal explicaron entonces que esa obra depende de la provincia de Buenos Aires.
"Tenemos un problema importante frente a La Herradura.
Hace diez años no había ningún tipo de vivienda ni de desarrollo habitacional y hoy sí lo hay. Eso nos está exigiendo tener paradas de colectivos y cruces peatonales seguros", reconoció Mazzuchi.

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