Con un golazo de Ezequiel Pérez, la Lepra venció 1 a 0 a Almirante Brown y alcanzó el objetivo una fecha antes del final de la temporada. El equipo de Trotta sufrió para llegar a la meta y el Gargantini explotó de alegría.
Independiente Rivadavia venció 1 a 0 a Almirante Brown en el estadio Bautista Gargantini por la 41° fecha de la B Nacional y logró por fin el objetivo de la permanencia.
Ezequiel Pérez, molesto e incómodo durante la primera mitad por una lesión, apostó a lo que mejor le sale en el complemento y le dio la salvación a su equipo. De tiro libre, el Negro la clavó en un ángulo a los 13 minutos del segundo tiempo y puso el 1 a 0 para el local.
El equipo de Roberto Trotta jugó ante La Fragata y ante sus propios fantasmas. La presión le jugaba una mala pasada y no lograba hacer pie en el campo de juego.
Almirante, que está complicado, jugó con la obligación de la victoria pero como herramientas para lograrla, solo apostó a la altura de sus grandotes en la pelota parada. El local le regaló varias pero la visita no inquietó a un seguro Ayala.
El equipo de Trotta tampoco hizo méritos suficientes en el primer tiempo como para doblegar el arco de La Fragata pero con ganas y corazón, inclinó un poco más la cancha.
El Azul perdió una pieza importante en la mitad de cancha. Emiliano Fernández debió dejar a su equipo a los 29 minutos por una molestia en el posterior. Pérez en tanto, se sintió incómodo durante casi toda la primera parte. Una patada a los 3 minutos, lo dejó resentido por lo que el cuerpo técnico debió trabajar en el entretiempo para recuperarlo.
Ya en el complemento, llegó la tranquilidad y el alivio para la Lepra, sus jugadores y su gente. El Azul debía abstraerse del ambiente que se vivía en un caldeado Gargantini para concentrarse en el arco contrario y en la protección del propio para así, sacarse por fin la pesada mochila de encima.
Y eso fue lo que pasó promediando el complemento cuando, por un instante, solo fueron él y su pelota. Pérez miró al arco, acomodó el balón y le pegó como sabe... golazo de Independiente.
Tras la apertura del marcador, la Lepra intentó acomodarse, armarse atrás y mantenerse concentrado. Almirante ganó metros y buscó por lo alto pero, esta vez, en el partido más importante del año, el equipo de Trotta recordó que el partido termina solo cuando el árbitro lo decide y aguantó la victoria y la permanencia.
El Gargantini fue una fiesta... la fiesta del sacrificio, el compromiso y el premio al esfuerzo.
Comentá la nota