Premian al escritor zarateño Gustavo Ivanoff

Premian al escritor zarateño Gustavo Ivanoff

Se realizó la entrega de Premios de los concursos literarios “Evita 2013” y “Juegos Florales 2013” el pasado viernes 14 de marzo en Junín de los Andes, Pcia. de Neuquén, donde está radicado desde el año 1989 un oriundo de Zárate: Gustavo Ivanoff, que actualmente se desempeña como Docente, Bibliotecario y Comerciante

En el sur desarrolló su pasión como Guía de Pesca con Mosca, y se le recuerda por su comienzo como Fotógrafo y Cineasta en el Círculo Cinematográfico de Zárate. También impulsó al Canal 3 Teledelta en sus primeros años.

Ahora fue Premiado en los Concursos Literarios por sus Obras “La Piedra Perfecta” y “La nube”, Estas obras forman parte de un libro: “Semblanzas de Arte Juninense” que recopila las obras premiadas, y Gustavo expresa en el prólogo de sus cuentos: “Escribo muy cinematográficamente y el cuento de éste concurso en cuanto lo terminé pensé en filmarlo“, y efectivamente así se está haciendo, “Junto a Horacio Gallinat (que vive en Zárate) conformamos el Centro de Arte Experimental, y en cuanto le comenté la idea de realizar un videofilm, se mostró interesado, y ahora el proyecto está en la etapa de edición”. El cuento tiene 8 renglones y la película va a durar casi 10 minutos, todo un récord para su filmografía ya que gusta de los cortos muy cortos.

Gustavo nos cuenta cómo surgió el escrito: “El Concurso Juegos Florales tiene la particularidad que se entrega la consigna a la mañana y hay que escribir el mismo día. Las palabras claves eran: verdad – paz – simbólico – sueño – fuego – cambio – espejismo – aterrizaje – esencia. Con todas ellas surgió la idea de “La nube”, en el trayecto de las 5 cuadras que me separaron de la computadora, donde vapuleé el teclado y salió el cuento”

La nube

Cuentan los que Cuentan que es verdad que se reunieron en las alturas, sentados en círculo, rogando por una paz, que más allá de lo simbólico; se trató de un sueño cuyo fuego es capaz de lograr el cambio que lleva a la transmutación…

También Cuentan los que Cuentan, que hay quienes dudan si no fue un espejismo la transformación de aquella nube de forma oval, en una nave, que con suave aterrizaje, llevó al grupo, que con puro altruismo, logró el viaje hacia la esencia misma.

Nos comenta que cuando escribió “La Piedra Perfecta”, fue motivado por la búsqueda de la perfección que el ser humano tiene cuando se apasiona con su trabajo, y que busca el reconocimiento que no siempre llega. “Tuve que volver a los libros de geografía, buscar en un Atlas, e investigar sobre sitios de un mundo que no conozco… y volar con la imaginación para poder pintar paisajes”. 

La piedra perfecta

Jebel tomó distancia para observar su obra. Con el paso de los años y mucho esfuerzo había transformado el amorfo bloque de granito en un cubo perfecto. Habiendo aprobado su tarea, consideró que era el momento de mostrar al mundo el fruto de su trabajo. Cargó el bloque sobre sus hombros y salió a recorrer las arenosas calles de Kabur. Nadie reparó en Jebel ni su piedra. Se instaló en el mercado donde cientos de transeúntes circulaban. Puso delante suyo la piedra. El rostro mostraba el orgullo del logro. Nadie detuvo su paso. Ni lo observaban. 

“Son unos ignorantes” – pensó. Recordó que nadie triunfa en su tierra. Buscó un horizonte y hacia allá marchó cargando su sueño. Caminó por las arenas del desierto…. Llegó al pueblo de Rajbá, donde eran todos ciegos. Pregonó a los cuatro vientos, pero fue ignorado nuevamente. Decidió marchar hacia Al Hassir, allí había un gran mercado, donde se juntaban gentes de todos lados y culturas. 

“Ellos sí sabrán apreciar mi obra” - pensó. Caminó varios días atravesando tórridos desiertos. Siempre con renovada fe de reconocimiento. Todo esfuerzo parecía en vano. A nadie importaba su presencia ni su bloque. Pensó que algo estaba fuera de lugar. Revisó minuciosamente su cubo, no fuera cosa que presentara defectos que otrora pasaban desapercibidos a sus críticos ojos. Nada. Todo bien, correctamente trabajado, hasta se dijo a sí mismo: “Es una verdadera obra de arte, digna de admiración”.

Observó a los transeúntes. En la tienda contigua adquirían pequeñas piedras pulidas multicolores que colocaban en una pequeña bolsita y colgaban de su cintura. Él no quería eso. No quería vender “su” piedra, solo esperaba reconocimiento y admiración. Por su trabajo, su perfección. Un poco de fama. La fortuna se concretaría al combinar su obra con… al menos… una persona que le observara y comente. “Les interesan las piedras pequeñas y comunes, no saben ver y disfrutar tantos años de trabajo” se dijo en voz baja con la cabeza gacha. Esperó la noche para salir del mercado. No deseaba que lo vieran con el rostro vencido. Caminó por desiertos, atravesó oasis… Durante 7 días y 7 noches vagó errante hasta las cercanías de Gizeh. Cayó exhausto, producto de una extraña conjunción de cansancio y fracaso. Durmió profundamente En sus agotados sueños se veía observando la piedra. Su hermosa piedra… Lo despertó un sordo sonido proveniente de la tierra. El suelo parecía un enorme tambor. En cuanto se hubo incorporado, pudo ver la larga fila de esclavos que arrastraban enormes bloques hasta la Pirámide que se dibujaba en el horizonte. “¡Oye tú esclavo! Carga tu bloque y ponte en marcha con los demás” le imperó una dura voz a su espalda. No hubo tiempo de reaccionar. El látigo silbó en el aire y laceró su espalda. Tardó solo un instante en conformar parte de esa multitud, que sudorosa y jadeante, empujaban los amorfos bloques de piedra hacia Keops. Fue solo en ese instante, donde reinaba la confusión, y en el que sentía mimetizado con la masa, cuando un esclavo a su lado le dijo: “¡Lindo bloque!”.

Para finalizar nos comenta: “Me encanta participar de los Talleres Literarios, donde mucho se aprende, y agradezco a Cristina Araoz por los conocimientos que comparte y el estímulo que brinda a los talleristas, sus aportes mucho me han hecho crecer en mi corto camino literario”.

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