En Formosa a la cabeza no se la considera seriamente. Si bien es parte del cuerpo, una de las más fundamentales. Se diría que “se le permite un dolor, una migraña, un golpe”, pero cuando se habla de trastornos obsesivos compulsivos, de autismo o de demencia, todos se atajan. Y es un tabú hablar de “loco” o “loca”.
Si un chico le dice a sus padres “no me queda nada cuando estudio”, lo primero que piensan es que son mañas, y la reacción ante estos dichos es con violencia, con maltrato, bajando la autoestima. ¿Y si vamos al psicólogo? Jamás. Eso es cosa locos.
El increíble mal que está haciendo el alcoholismo y las drogas en nuestra provincia es devastador. Si uno se pone a pensar en números y se inmiscuye más allá de la frialdad que representan, podría asustarse. Pero hay algo más que no se trata, por tabú, por miedo o ignorancia: la cabeza. Hay mucha baja autoestima. Mucho dolor y bronca contenida, mucha depresión. Se bajan las defensas y allí aparece el “salvataje” de la droga y el alcohol.
Dialogamos con el Licenciado Belisario Roldán (M.N 38.62 y M.P. 71), Neuropsicólogo Clínico y Licenciado en Psicología, para que nos brinde su punto de vista respecto de cómo es el paciente formoseño.
“El formoseño va más al curandero que al psicólogo, porque está socialmente más aceptado”, dijo el Licenciado Roldán, quien detalló que en nuestra provincia no está arraigada la costumbre de hacer terapia, “donde no ir al psicólogo es de locos, acá es al revés” (sic), deslizó.
El Licenciado Roldán está especializado en tratar temas neurológicos (demencia, autismo, casos de TOC, esquizofrenia, síndrome depresivo mayor, bipolaridad y ataques de pánico, entre otros), de los cuales hay muchos casos en Formosa. La mayoría de los jóvenes que trata tienen problemas de alcoholismo y drogas.
Muchos casos de jóvenes presos del flagelo de la droga o el alcohol, llegan hasta la consulta. Burlados y hasta humillados por sus padres, quienes prefieren ignorar el problema o simplemente hacer de cuenta que no pasa nada. “Es como un tabú tener un hijo con problemas de alcohol o drogas”, dijo el Licenciado Roldán. Y las familias de mayor poder adquisitivo, por lo general, son las que más ocultan estos traumas. “Con tal de que los hijos no los molesten, les dan los gustos y terminan no ejerciendo su rol de padres”.
Según el Licenciado Roldán, el daño que está causando la droga es abismal, “se ha metido de una forma muy peligrosa, los chicos hasta lo ven como una salida laboral; entonces dejan de estudiar, de trabajar y ven que ahí tienen facilidad; y toman y se drogan”.
Además, la cultura del trabajo y el respeto se está perdiendo en la provincia. “Los jóvenes llegan por descarte, cuando ya no se puede contener más la situación, algunos vienen con cero expectativas y ahí notás que tienen muy baja autoestima, que no tienen proyectos, presentan una depresión muy grande; el problema de la depresión es a nivel mundial y acá a nivel local también; lo fundamental es tratar estos síntomas, porque quien está fortalecido emocionalmente no cae en estos traumas; sale adelante”.
Ya de por sí, ir a terapia está visto con malos ojos, el tabú de “estar loco” para ir al psicólogo es toda una cuestión, ahora, el paciente no quiere un tratamiento lento, quiere la solución ya. Por eso, hasta los mismos padres son los que piden para que sus hijos estén bien ya, drogas, fármacos. Porque da la sensación de que “se resuelve todo”, pero lo que la gente no sabe es que “a la larga se terminan comprando un problema, porque las drogas –legales o ilegales- generan dependencia y daños neurológicos, como el caso de las benzodiazepinas, Alpláx, Rivotril, que son las de mayor consumo y automedicación”.
El joven que se viene a tratar, una vez que comienza notar un cambio para bien, abandona el tratamiento pero vuelve cuando se presenta otro episodio similar o peor, según nos detallaba el Licenciado Roldán.
No solo ir al psicólogo es un tema al que el formoseño le es esquivo, también el elegir con quién atenderse. “La gente busca privacidad y prefiere atenderse con profesionales conocidos”, dice el Licenciado Roldán, evitando así por lo general hacerse ver con quienes trabajan en los centros de salud de los barrios. Aunque él es uno de los que atiende allí o da charlas gratuitas.
“La única manera de enfrentar y combatir este problema grave de la depresión que deriva en otros más graves como ser el de las adicciones, es previniendo, haciendo atender a las personas a tiempo para así ayudarlas a salir de adelante”, cerró.
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