El laico Julio Posse se refirió al último Encuentro Nacional de Mujeres (E.N.M.) que se llevó a cabo en la ciudad y en sus declaraciones no coincidió con el obispo de la región, Fernando Maletti, con respecto a la importante intervención que tuvieron católicos en defensa de la Catedral e iglesias de Bariloche.
Posse relató que incluso que “cuando las manifestantes fueron a la Catedral alrededor de 100 chicos estuvieron haciendo un cordón pacífico para proteger a la gente y a nuestro templo mayor y el obispo Maletti nos tiene a nosotros como extremistas, pero gracias a todos los que estábamos presentes no se metieron en la Catedral”.
En la oportunidad resaltó la tarea del obispo de Tucumán, que “en el Encuentro que se llevó a cabo en esa ciudad se puso al frente para defender las iglesias”.
Textual (de una participante católica en el Encuentro)
Cuento un poco del E.N.M.: Gracias a Dios pudimos ir aunque sea 5 mujeres tucumanas al Encuentro Nacional de Mujeres. Fuimos: Fernanda Cabrera de Basualdo, María Eugenia Frías de Luchetta, Bernardita Lizárraga, Viviana y yo, Mara Mockevich de Argüello, nos acompañó el santo del marido de Fernanda, Jorge Basualdo.
Manejamos entre 3 los 2100km que nos separan de Bariloche, lugar precioso que por las cenizas volcánicas (que siguen cayendo) está teñido de gris.
En total hemos participado de los talleres unas 250 mujeres de todo el país, nos acompañaron unos 80 hombres cuidadosos, valientes y prudentes.
Unos cuantos matrimonios locales con el apoyo sólo del párroco, nos prepararon el "bunker" donde escucharíamos misa diaria y recibiríamos desayunos, almuerzos, tés y comidas, además de contención y organización, en la Parroquia Santo Cristo.
Unas 45 mujeres (jovencitas la mayoría) nos avocamos a los talleres de aborto.
Por una cuestión de seguridad y estrategia, hemos ocupado 4 de los 6 talleres de aborto. En esos talleres van las más pesadas de las feministas, y, como "se meten" unas 55 en cada taller, no podíamos ir menos de 10 a c/u.
Yo me camuflé muy bien, entonces, por mi aspecto y mi actitud, me infiltré entre ellas y me creyeron una más. Fui secretaria de mi taller (el Nº 6), eso quiere decir que escribí todo lo que decía cada una de las mujeres participantes, en su turno.
El sábado se desarrolló con una cierta normalidad, pero no con paz, ya que cada vez que una pro vida abría la boca, ellas saltaban de sus lugares para gritar: "acá hay otra iglesia" y comenzaban en el acto con el conocido cantito: "iglesia, basura, vos sos la dictadura", pero sólo en eso consistía la agresión, no pasó a mayores gracias a Dios.
Las feministas están como "poseídas" se enojan mucho con la palabra "respeto a la vida", gritan alaridos con la imagen del aborto o de bebés abortados, hablan todo el tiempo de su libertad de hacer lo que quieran, con quien quieran y cuando quieran y que con (cuidarse) con preservativo son muy felices, por que no corren así ningún riesgo de "clavarse" con un embarazo no deseado y tener que recurrir a la "gran solución del aborto".
Algunas ven al aborto gratuito como la solución cuando otros "métodos anti-conceptivos "han fallado; otras no, sostienen que no se harían un aborto, pero quieren que toda mujer pobre tenga acceso a un "aborto saludable e higiénico". Hay de todo, pero ninguna jamás reconoce que en el aborto muere siempre una persona.
En lo personal, pasé los talleres rezando calladita escuchando la misma voz de la muerte a los gritos pregonando su teoría. Les cuento que fue un ofrecimiento estratégico el quedarme muda, cuando todo dentro mío se ha acostumbrado a gritar por la vida por nacer. Pero si me daba a conocer anticipadamente, seguro me habrán echado y hubiera viajado en vano.
El último día de los talleres, que fue el domingo a la tarde, me tocaba ya desenmascararme e intervenir con mucha firmeza (el Espíritu Santo me mandó fortaleza extra para la misión) e imponerme, y casi obligar a la coordinadora de mi taller que escribiera sí o sí en las conclusiones que había un grupo de mujeres que respetan el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural; que nadie puede privar a otro de su derecho a nacer, menos su madre; que el Estado nos debe políticas de protección a la mujer embarazada en riesgo de aborto; que denunciamos la intolerancia con las que no opinan igual que la mayoría abortista; que respetamos la libertad de culto y exigimos el mismo respeto; que invitamos a una marcha por el derecho a la vida por nacer el 1º de Noviembre en la Plaza de los dos Congresos (eso nunca se vio: en un taller de aborto invitar en las conclusiones a una marcha pro vida); y que si no quieren que participemos del encuentro (al que tenemos derecho porque es de mujeres argentinas y todas éramos mujeres argentinas) le cambien el nombre y lo llamen "Encuentro Nacional de Mujeres abortistas o Anticatólicas" y ahí si que le librarían de nuestra participación futura.
Con el tema de la marcha que hacen el domingo al atardecer, se fueron derecho con todo a la Catedral. Justo había Misa de 19hs y el Obispo de Bariloche, que la oficiaba, dio la orden de encerrar a toda la gente que salía de Misa dentro de la capilla -con candado- para evitar confrontaciones y provocaciones.
Por supuesto que no obedecimos y con firmeza obligamos al ocasional portero a abrirnos la puerta a quienes habíamos viajado expresamente a defender su Catedral. Salimos justo a tiempo. Allí estaban unas tres mil mujeres gritando obscenidades y cantando contra la Iglesia y la Vida, con sus enormes banderas y carteles. Cantaron durante una hora y media y hacía un frío.... que parecían ni sentir.
Como cada año, nosotros nos paramos sobre las escalinatas a rezar un Ave María tras otro protegiendo la Casa del Señor, y todo salió bien, ya que pintaron toda la ciudad pero a la Catedral casi ni la rociaron, sólo un rinconcito fue escrito con frases abortistas.
Les cuento que es cierto eso que las feministas afirman, que ninguna mujer es la misma después de un Encuentro, claro que no somos las mismas, hemos enfrentado el desafío de defender la vida en medio de violencia verbal y a veces física, hemos conocido el mal de cerca, nos hemos unido hasta con mujeres de la otra punta del país, teniendo como única causa común la defensa de la vida por nacer.
Eso más o menos es lo que pasó el fin de semana pasado en Bariloche. (Mara Mockevich de Argüello).

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