Creados en 2010 por el Ministerio de Educación de la Nación y destinados a las escuelas primarias vulnerables del país, los Centros de Actividades Infantiles (CAI) son un espacio de apoyo pedagógico, diversificación de la experiencia educativa y articulación con la comunidad.
A Pergamino los Centros de Actividades Infantiles llegaron a través del Centro de Referencia del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y funciona en la Escuela Primaria Nº 8, hasta enero próximo, coordinados por la docente Silvina Morris, que además orienta el equipo interdisciplinario.
“Gracias a las gestiones de Lisandro Bormioli se pudo implementar este programa en nuestra ciudad, que ya transita su segundo año aquí y se ejecuta a través de la Provincia con una muy buena aceptación”, explicó José Agudo, titular del Centro de Referencia.
La provincia de Buenos Aires “tiene 140 municipios y sólo el tercio de esa cantidad implementa este programa. Por este motivo, para nosotros sigue siendo un orgullo y una gran responsabilidad que se continúe ejecutando en Pergamino, donde intervienen más de cuarenta niños”, aseguró.
El seguimiento y la supervisión de los Centros de Actividades Infantiles es responsabilidad del coordinador pedagógico regional Germán Giuliano, docente y abogado pergaminense. Su competencia abarca no sólo nuestra ciudad sino la región XIII, que involucra Rojas, Colón, Carmen de Areco y San Antonio de Areco y a través suyo se establece el vínculo entre estos distritos y las autoridades de La Plata.
Fortalecer los aprendizajes
Los CAI ofrecen talleres de actividades recreativas, físicas, deportivas, culturales, científicas y artísticas los sábados. Además, brindan un intensivo trabajo de acompañamiento escolar y familiar a cargo de un maestro comunitario.
“Funcionan con gran satisfacción de todos los involucrados y esto no sólo se refleja en la actividad diaria, que se desarrolla con aciertos y contratiempos, como todos los programas” sino “también en las estadísticas que marca el progreso en la trayectoria escolar de los alumnos ya que se baja el índice de deserción y repitencia escolar de los asistentes a estos centros”, destacó Germán Giuliano.
Los talleres amplían el tiempo de aprendizaje con propuestas innovadoras y agrupamientos flexibles, que interpelan a los chicos y alimentan sus ganas de aprender y hacer, para mejorar su desempeño y potenciar su sentido de pertenencia a la escuela. Así, esta experiencia constituye un valioso antecedente para la política de extensión de la jornada escolar, que también puede abrir nuevos espacios de expresión y mayores oportunidades para consolidar los aprendizajes fundamentales.
“Durante la semana, quienes hacen el trabajo de ayudar a los chicos en las tareas, de explicarles la cantidad de veces que sean necesarias para comprender alguna nueva consigna, quienes están atentas a todas las necesidades, no sólo pedagógicas, son las maestras comunitarias, Miriam Caputa y Carina Etchart, que también los visitan en sus casas y charlan con sus papás”, reveló Silvina Morris.
En tanto, en los talleres de los sábados trabajan Natalia Nassier, en Cerámica; Daniel Oberti, en Reciclado y Verónica Ruano, en Teatro, además de la colaboración constante de Amelia Joaquín.
Las “visitas domiciliarias”
Las denominadas “visitas domiciliarias” constituyen el objetivo más importante de los CAI, argumentan los profesionales que participan del programa.
En los encuentros nacionales, provinciales o regionales desarrollados en el marco de la implementación del programa, las “visitas domiciliarias” ocupan buena parte de los intercambios.
“La llegada de los maestros comunitarios a los hogares de algunos niños, a veces acompañados por los coordinadores del CAI, fue planteada y justificada en los principios y objetivos”, dijo Silvina Morris.
“Prestar atención a la trayectoria escolar de cada niño, uno de los ejes centrales del programa, obliga a considerar y conocer las condiciones y variables que aportan a ese proceso. Por un lado, la escuela y por otro, los contextos sociofamiliares de los educandos”, aseveró.
La docente añadió que “la inasistencia sostenida de un niño, por ejemplo, requiere que se analice qué sucede en las clases, en los recreos, en el grupo al que supuestamente pertenece de la escuela donde ha sido inscripto, pero también cuáles son las configuraciones sociales, familiares y comunitarias que enmarcan su vida extraescolar. Morris valoró que “ir al hogar de un niño con el objetivo de conocer más y mejor las condiciones de su vida familiar y averiguar su incidencia en la propia situación escolar es mucho más que ‘pasar por la casa de...’ o ‘darse una vuelta por lo de...’. Podemos pensar que en ese marco la palabra visita expresaba mejor no sólo las intenciones sino también la manera, el modo, la posición, en definitiva, de quien realizaría esa acción”.

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