Rondaría los 80.000 millones de euros. Europa exige un duro plan de ajuste.
Las autoridades portuguesas todavía pretenden conseguir un préstamo a corto plazo que los ayudaría a evitar el default –Lisboa debe refinanciar, de aquí a finales de junio, más de 8.000 millones de euros de deuda– y llegar hasta las elecciones del 5 de junio, convocadas tras la caída, el pasado 23 de marzo, del gobierno de José Sócrates. El Parlamento luso rechazó aprobar el plan de ajuste ya negociado entre Bruselas y el ahora saliente jefe de gobierno socialista.
Esa hipótesis de un “crédito puente” provisional que pasaría a ser un verdadero plan de rescate cuando tome posesión el próximo gobierno –los sondeos apuntan a una victoria de la oposición conservadora, la misma que rechazó el plan de ajuste– parece tener pocas posibilidades de salir adelante ante el rechazo francés y alemán, que prefieren utilizar los mecanismos aprobados en mayo de 2010 tras el rescate griego.
La UE está preparada para refinanciar a Portugal pero sólo lo hará, como en los casos griego e irlandés –los otros dos países que ya tuvieron que recurrir a la ayuda de Europea–, a cambio de la aprobación de un duro plan de ajuste . Los fondos serían entregados por tramos, condicionados al cumplimiento por parte de Portugal de los recortes que pacte con la Comisión Europea y el BCE.
Tras la caída del gobierno de Sócrates, las agencias de calificación de deuda se lanzaron al cuello de Portugal y bajaron la nota de su deuda en varias ocasiones en los últimos 10 días . Así, Portugal ha visto cómo sus bonos a cinco y diez años rozaban tasas de interés cercanas al 9%, cuando los de referencia en la Eurozona, los alemanes, ni siquiera llegan al 3%.
La Comisión Europea apuntaba ayer a una negociación rápida y la aprobación antes de las elecciones portuguesas de junio de un plan de rescate que el gobierno de Sócrates dejaría como herencia a la actual oposición.
Fuentes de la Comisión Europea explicaban ayer la paradoja: la oposición tiró el plan de ajuste de Sócrates y ahora tendrá que aceptar un plan de ajuste y una serie de reformas estructurales más duras que aquel plan.
Entre las medidas que podría aplicar el gobierno portugués y que ya estaban en el plan de ajuste rechazado, aparecen recortes en el gasto sanitario, retraso de grandes proyectos de infraestructuras, aumento de impuestos indirectos y empresariales, así como una dura reforma del mercado laboral reduciendo las pensiones a los desempleados y las indemnizaciones por despido.
Portugal será salvado, pero el temor en Bruselas es que los mercados, que ya no podrán hacer sangrar mucho más a la economía portuguesa, viren sus cañoneras hacia España. Madrid, el FMI y Bruselas repitieron ayer que la economía española está en mejor posición y que no necesitará un rescate.
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