Él pone la CARA; le hicieron la CRUZ

El Arzobispado de Córdoba asegura que el “padre Daniel” no es un sacerdote católico. Sus fieles dicen que “hay persecución”.
En el altar hay una foto del Papa Benedicto XVI y desde la puerta de la capilla, a la que decidió llamar San Juan Bautista, se puede ver en el techo una cruz blanca y una imagen de la Virgen María.

Hay un grupo de fieles que lo sigue y que están convencidos de que en ese espacio de las serranías de Bialet Massé encontraron la paz.

El depositario de esa confianza cuenta en primera persona a Día a Día que se llama Daniel Rodríguez Vera, que nació en Bolivia, que estudió en Potosí en un semanario de la Iglesia Católica Apostólica Romana y que lo persiguen desde el Arzobispado de Córdoba. Ésta es la versión de quien dice ser el padre Daniel o el cura sanador, como lo llaman sus seguidores.

La otra versión es la palabra de la Iglesia Católica de Córdoba que advierte a sus fieles que den aviso si han recibido un sacramento de manos de este hombre porque “nunca acreditó” ser un sacerdote de esta religión y que tampoco cuenta con la autorización del arzobispo, monseñor Carlos Ñáñez.

Son las dos campanas de una historia que tiene intrigada a la comunidad de Bialet Massé desde el año pasado, cuando llegó Daniel.

Tal como si se tratara de una tira de telenovela, el “padre boliviano” arribó con la ayuda de empresarios, quienes –según su relato– le donaron cuatro hectáreas en la montaña para levantar su obra.

En febrero de 2010 se presentó en la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, donde llegó a oficiar la misa, hasta que algo hizo dudar al cura Alejandro Lemos (a cargo de ese templo) que Daniel no sería, a su entender, un sacerdote católico apostólico romano.

“Empecé a averiguar, le pedí que fuera al Arzobispado, lo hizo, pero jamás presentó los papeles y todo saltó a la luz”, dice Lemos, a quien le asaltó la duda después de que Daniel oficiara tres celebraciones, algunas incluso en su reemplazo, y realizara un bautismo bajo el nombre de la Iglesia Católica.

Para Lemos y para la hermana Anita Yapura, una monja que está en la gruta de la Rosa Mística, ellos fueron “engañados” por el “padre boliviano”.

Daniel, en cambio, habla desde el respaldo de sus fieles. Cuando recibe a este medio hay unos 30 seguidores que lo ayudan a limpiar y acomodar la capilla.

Antes de hablar él, pide que sea su gente la que dé testimonios. Hay mujeres, hombres grandes y adolescentes sentados en unos bancos de madera.

Todos repiten casi lo mismo: que llegaron “en busca de paz”. La mayoría porque tiene a un familiar enfermo y confía a ciegas en este padre carismático que, como tiene mucha convocatoria los domingos, la Iglesia Católica lo aparta.

“Nos digan lo que nos digan, nosotros venimos por él, no nos pide nada. Nos da tranquilidad. No nos hace falta un certificado (del Arzobispado)”, dice Sonia, una de las mujeres que cuenta que está ahí porque su marido tiene cáncer, y que sus tumores se fueron achicando.

A ella, como al papá de Juan Pablo, quien cuenta que su hijo se sanó de una enfermedad grave, no les importa que “le hagan cruz”.

Tampoco sienten que Daniel haya burlado a la Iglesia Católica al haber celebrado la misa en la parroquia del pueblo porque están seguros de que es un sacerdote. No les importa de dónde.

“Nos da tranquilidad, no lo encuentro en otro lado, le hacen la guerra porque es carismático”, dice otra mujer.

Daniel escucha la defensa de sus seguidores y responde a las preguntas de este medio cuando se le insiste:

– ¿Usted es un sacerdote de la Iglesia Católica Apostólica Romana?

– Sí, soy un sacerdote católico apostólico romano, humano, diría.

– ¿Y dónde estudió? ¿Presentó los papeles en el Arzobispado?

– En un seminario en Potosí. Fui y presenté los papeles, pero nunca me respondieron en el Arzobispado de Córdoba. Me enteré por los medios que advertían sobre mí... Creo que hay una persecución. También lo viví en Potosí. Me venían marcando porque no pasaba la limosna a la Iglesia porque yo la usaba para ayudar a comer a la gente, y me decían que no estaba cumpliendo con el Evangelio.

– ¿Pero por qué no tiene su carnet de cura de la Iglesia Católica Apostólica Romana?

– Porque la documentación... los papeles están en el Obispado de San Luis, al que yo pertenezco. Tienen que pedir el legajo. (Daniel muestra una licencia de la Iglesia Carismática Evangélica, al que agrega tener como obispo a Raúl Oronda).

El vicario judicial del Arzobispado de Córdoba, Dante Simón, explicó que el hombre nunca presentó los papeles requeridos y no es un sacerdote católico, salvo que lo acredite.

– ¿Por qué se advierte a los fieles?

– No digo que sea bueno o malo, no lo juzgo. Digo que no consta que esté dentro del Obispado de Córdoba. No tiene licencia ministerial, no está en el clero, no está en nuestro listado de sacerdotes.

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“La gente decía: qué padre raro”

El padre Alejandro Lemos lleva seis años desde que se ordenó en la Iglesia Católica Apostólica Romana y desde hace más de uno que está como cura en la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Bialet Massé. Lugar tranquilo para los fieles de esa comunidad, hasta que en febrero de 2010, según cuenta el religioso, llegó un “nuevo evangelizador”.

“A veces la gente de la iglesia abre los ojos antes, ve antes y me decía que algo raro estaba pasando”, se sincera el padre Alejandro, al recordar los primeros días del año pasado cuando conoció a Daniel Rodríguez Vera.

En febrero, Daniel se presentó –siempre según las palabras de Lemos– como un sacerdote católico que venía de Bolivia, por lo que le permitió oficiar tres misas juntos. Incluso contó que le pidió que lo reemplazara en algunas celebraciones porque tenía compromisos en otros pueblos. Así fue como llegó a encabezar celebraciones, dar la comunión y hasta hacer un bautismo desde la Iglesia Católica.

“Por la manera de celebrar la misa que daba no era de un sacerdote. No tenemos el ojo bien puesto a veces, pero el pueblo, los cristianos mismos, me decían ‘qué padre raro’. Me tomó sin perro, llevaba pocos días yo al frente de la parroquia”, recuerda Lemos. Fue así como le pidió a Daniel que se presentara con sus papeles ante el Arzobispado de Córdoba y acreditara ser un sacerdote. “Nunca los presentó... Después intervino el Arzobispado y ahora en misa advertimos a los fieles, pero acá llama la gente por el cura sanador”, dice.

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Anita ya no lo quiere en la gruta de la Rosa Mística

Anita Yapura es una monja que lleva 20 años en la gruta de la Rosa Mística, un lugar en las serranías, desde donde la puerta está abierta “para hablar de Dios”, como a ella le gusta decir. Así fue como también conoció a Daniel Rodríguez Vera cuando llegó a Bialet Massé.

“Se me presentó un día en la puerta, vestido de cura, que había estado en Bolivia, y lo hice pasar, como hago siempre”.

Entre mate y mate fue conociendo al nuevo visitante, que poco después consiguió un terreno a pocas cuadras de la gruta, donde hoy Daniel levantó su propia capilla. Anita también empezó a tener sus dudas si era un sacerdote católico, pero lo ayudó.

“Con la gente le conseguimos cama y mesa porque vivía sin nada. Pero empecé a dudar. Un día pidió un libro para hacer un bautismo y pensé: ‘qué raro que un cura no sepa’”, comenta.

Desde que el Arzobispado se expidió, Anita no tuvo más contacto con Daniel y le pidió que no fuera más con ella.

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