El polvorín de la tierra de nadie

Por Ricardo Roa

Hay imágenes que superan todos los argumentos que Aníbal Fernández usó ayer para ratificar que la Federal no intervendría “ni loco” en Villa Soldati. Son las que mostraron por TV a policías de esa fuerza golpeando el miércoles a ocupantes del Parque Indoamericano. La violenta represión provocó un revuelo en el kirchnerismo y el temor a que una escena semejante o peor pudiera repetirse.

La propia Cristina Kirchner transparentó anoche ese malestar: calificó el desalojo como “un ejemplo de mano dura, que terminó peor de lo que empezó”. Por eso, la marcha atrás del jueves. Y por eso, también, el súbito cambio de timón en el manejo de la seguridad: la Presidenta le quitó el control a Alak y lo puso en manos de Nilda Garré, históricamente enfrentada con Fernández. Debilitado y desautorizado, Alak habría presentado su renuncia (ver Cristina anunció la creación de un Ministerio de Seguridad).

Antes del anuncio presidencial, el jefe del Gabinete había bordeado el ridículo al esgrimir que si mandaba de nuevo la Federal a Soldati iba a dejar desprotegida la ciudad. Fue como decir que para el Gobierno, Villa Soldati quedaba fuera del área de protección al ciudadano. Una tierra de nadie.

Y eso se comprobó apenas horas después: mientras Cristina, como en las nubes de Ubeda, reivindicaba el monopolio del uso de la fuerza y repetía que “lo más importante era la vida”, en un barrio donde no había policías para cuidarla, vecinos indignados desalojaron a los okupas. Hay una escena que supera todo: cuando sacan a un herido de una ambulancia para rematarlo a golpes y machetazos. Es el horror. Anoche, además había al menos unos 30 heridos.

Más de lo mismo: Fernández también alegó que el fallo judicial que le había ordenado un “operativo policial de pacificación” era de “cumplimiento imposible”. No dijo por qué. Pero quedó implícito que sólo acatará aquello que él considere de cumplimiento posible. Lo que se llama independencia de poderes al gusto oficial.

El punto es que el kirchnerismo no quiere cargar con los costos del conflicto. Y le pasa a Macri la brasa ardiente, creyendo que así puede zafar. Como si hechos de tanta gravedad que costaron ya cuatro muertos y mantienen en vilo a todo el mundo no involucraran también al Gobierno nacional. Demasiada pretensión. Para Aníbal lo que pasa en Soldati “tiene que tener una solución política”. Eso sí, la debe encontrar Macri. Estaba claro que en el entretiempo se corría el riesgo de que las peleas entre vecinos y ocupantes escalaran. Y así lamentablemente ocurrió.

Con Soldati asoma un cóctel explosivo. La pobreza y la marginalidad que el INDEC no reconoce. Las mafias que usurpan el espacio público para lotearlo entre necesitados. El tráfico de droga en las villas. La red de punteros de todo color. La xenofobia y la pelea de pobres contra pobres a los tiros. Demasiado serio como para bastardearlo con chicanas. Y para no suspender el acto de anoche en Plaza de Mayo. Ironías de la vida: era por “Democracia y Derechos Humanos”.

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