Riesgo. Aunque su venta está regulada mediante receta médica, profesionales admiten que su adquisición en Santiago "no está totalmente restringida". Otra sustancia que puede llevar a la muerte a muchos santiagueños.
La búsqueda de nuevas sensaciones lleva a algunos jóvenes a consumir una sustancia, que es un potente alucinógeno utilizado por los veterinarios como tranquilizante para animales, cuya dosis llevaría a la persona a un fuerte estado de éxtasis.
Lo que agrega dramatismo a esta situación es la facilidad con la que se accede a esta nociva droga si la persona adicta se encuentra con profesionales inescrupulosos que venden la sustancia sin prescripción médica.
La reconocida Fundación Manantiales -ONG que trabaja en la asistencia integral a las adicciones- pone en evidencia la peligrosidad de la sustancia que, según explica, puede terminar en profundos problemas físicos y mentales incluidos delirio, amnesia, deterioro de la función motora y problemas respiratorios potencialmente mortales.
Pero la advertencia no termina allí. De acuerdo a la experiencia de la organización, la droga por lo general se aspira, pero a veces se esparce sobre el tabaco o la marihuana y se fuma.
"El K", como también se lo llama en la jerga, a menudo se usa en conjunto con otras drogas tales como éxtasis, heroína o cocaína y tiene consecuencias nefastas para la salud de la persona que lo consume. "Si se pueden conseguir otras sustancias tóxicas también se puede acceder a "El k", reconoció un médico veterinario de la capital quien prefirió preservar su identidad por tratarse de un "tema delicado".
Según reconoció, hace algunos años cuando todavía no se había popularizado como sustancia de abuso, "El K" se conseguía en cualquier veterinaria sin ningún inconveniente y "principalmente lo compraban las personas del interior que tenían algún problema con animales salvajes".
Pero en la actualidad, se ha restringido la venta de este compuesto debido a su utilización por parte de las personas adictas. "Sin embargo -sentenció el profesional-, como ocurre con otros productos de la industria farmacéutica, si se busca, se consigue".
El poder destructivo de la sustancia pone en evidencia la peligrosidad de su fácil acceso. "El K" se administra por inyección intramuscular o intravenosa. También puede inhalarse o fumarse después de ser calentada y transformada en cristales. Al igual que el PCP, genera anestesia disociativa, es decir, interrumpe en forma selectiva las vías cerebrales de asociación y produce bloqueo sensorial.
Consultado sobre el riesgo de utilizar esta droga como sustancia de abuso, el veterinario santiagueño Mauricio Alasia, explicó a este diario que "de acuerdo a su prospecto es una droga que produce estado cataléptico e hipertonia muscular, es decir que hay una excitación muscular". El médico añadió que la venta se realiza con receta cuadruplicada y en caso de venderla sin ella el veterinario puede recibir una sanción por parte del Colegio que regula la actividad por estar prohibido.
Consecuencias
De acuerdo con la Fundación Manantiales, su uso continuo durante más de tres semanas ocasiona tolerancia, aunque no produce dependencia física, tiene un leve potencial para crear dependencia psicológica.
Las intoxicaciones agudas con esta sustancia provocan depresión respiratoria, en cuyo caso se recomienda utilizar asistencia respiratoria mientras cede el efecto del anestésico. Esto hace necesario acudir a un hospital inmediatamente.
La administración de "El K" puede llegar a provocar convulsiones, parálisis, náuseas, paradas respiratorias y muerte. Este anestésico, que habitualmente se utiliza para sedar a caballos y gatos, actúa como psicodélico y es especialmente peligroso combinado con determinados ansiolíticos, antiasmáticos y antidepresivos y también si se consume con sustancias como el éxtasis, la cocaína, los opiáceos o energizantes.
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