El municipio de la ciudad gasta por año en el servicio de recolección de basura y barrido de calles un poco más de 52 millones de pesos. Lo que resulta para la comuna uno de los servicios concesionados más caros. Además, en el presupuesto prorrogado 2011 se prevén más de 1 millón de pesos para destinar a la limpieza de espacios públicos. En total se prevé un gasto en limpieza de 53.311.000 de pesos en un año.
Si bien los más de 50 millones de pesos destinados a la empresa que presta el servicio de recolección de basura es el único de los concesionados que no es criticado por los vecinos, el monto resulta abultado y en muchos puntos de la ciudad la basura sigue siendo la protagonista. No porque el camión recolector no pase sino porque son lugares donde se generan basurales clandestinos.
La proliferación de estas montañas de basura en la ciudad es una constante ya sea en sitios donde no se limpia y en lugares donde el municipio llega y pasa sus máquinas.
Todo espacio público un tanto alejado del centro de la ciudad puede llegar a transformarse rápidamente en un sitio receptor de basura y desechos de toda índole.
Los cursos de agua que atraviesan la capital neuquina son los primeros en recibir lo que ya a los vecinos no les sirve ni utilizan más. Escombros, ramas, botellas y bolsas de basura se juntan en los canales a cielo abierto, en el arroyo Durán y en la Laguna de San Lorenzo.
Pareciera que para muchos el agua tuviera el poder de esconder la mugre que se arroja. Pero esto no sucede, y el agua sólo se contamina, se ensucia y muestra la peor parte de una sociedad a la que no le importa cuidar el medio en el que vive.
La basura de los neuquinos que no es depositada en una bolsa de nylon y luego colocada en los cestos de basura esperando que pase el recolector va a parar a cualquier lado. De eso no hay dudas. Sólo basta con recorrer los sectores cercanos al río y algunos lugares en las bardas donde no hay una circulación constante de gente y enseguida se puede observar montones de escombros, bolsas completas de basura, botellas, neumáticos, y otros desechos.
En algunos casos el municipio limpia, pero esto no basta. Lo que dicen los funcionarios es que un día llegan con los camiones, retiran la basura y en menos de una semana todo vuelve a lo que era antes de ese accionar.
En otras situaciones, la basura va quedando y convirtiéndose en el paisaje cotidiano, pero en todos los casos, hay una realidad: la mugre no llega a esos sitios producto del destino sino porque alguien la llevó hasta ahí y la colocó sin importar las consecuencias.
Eso es lo que hay que revertir, el cambio de hábito y de conciencia. Más de 53 millones de pesos es mucho dinero, pero pareciera que no basta.
Todo hace pensar que no es sólo inversión lo que hace falta sino que es necesario generar un cambio, y en esto no sólo hace falta dinero sino la generación de políticas de Estado que motiven una transformación en las malas costumbres.
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