Por: Ricardo Roa.A pleno afloró esta vez el talento de los Kirchner para hacer de una oportunidad una crisis: imaginado para ganar confianza en los mercados, el Fondo del Bicentenario termina en un culebrón.
La sentencia de la Cámara es mucho más que el acta de defunción del pomposo Fondo del Bicentenario: pone límites al uso de las reservas para financiar al Tesoro. Y le da al consorcio opositor una clara victoria política. El gasto público, que viene creciendo desde el 2003, está fuera de control. El superávit del 2009 se consiguió tomando plata de donde se pudo: del Central, del FMI y, mucho, de los jubilados. La duda hoy es cómo van a financiar el 2010, año preelectoral y clave para garantizar la caja política. El kirchnerismo perdió poder: se le complicó la toma de decisiones. Aunque intente resucitar el Fondo con nuevo nombre y otras formas, la oposición demostró capacidad para resistir. Y el modelo K funciona con la imposición. Está en su genética. Las cosas cambiaron el 28 de junio, aunque el Gobierno insista en negarlo.
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