Mal que nos pese a los argentinos, en nuestro país nunca hubo política de frontera y si las hubo fueron inadecuadas, inconducente, sin ninguna significación y trascendencia. Antes que políticas de frontera fueron políticas para el atraso.
Así las cosas, la gente de mi generación supimos de un país anclado en el barro, el pavimento de la Ruta Nacional n°11, estuvo detenido en San Justo-Santa Fe- por más de veinte años, conocimos las balsitas para cruzar el Rio Bermejo, el vapor de la carrera para llegar a Asunción del Paraguay. Los enlaces de la Mesopotamia con el resto del territorio nacional comenzaron recién en la década del setenta. Túnel subfluvial Santa Fe-Paraná, complejo Zarate-Brazo Largo y Puente Barranqueras-Corrientes, todo lo que se desató con la Presidencia de Arturo Frondizi.
Otra rémora imposible de concebir fue la Ley de Seguridad de Fronteras, que impedía a los ciudadanos extranjeros escriturar sus propiedades a su nombre. Semejante disparate. El último aporte del pensamiento autoritario, fueron los Comités de Frontera. Colosal aporte de otro general iluminado. En realidad nadie sabe para qué sirve, que no sea para engordar el gasto público. Lo mismo se puede decir de los créditos de aéreas de frontera de Martínez de Hoz, que solo sirvieron para la especulación financiera, el dinero se sacaba del Banco de la Nación Argentina al 50% de taza y se ubicaba en otro banco al 100%. Todo algo así como las 10 plagas de Egipto.
Ahora, a treinta años de vigencia del orden democrático, es el caso que se preste atención como corresponde a las políticas de frontera y dentro de ellas a los pueblos de frontera y al comercio de frontera como mejor aliado y no enemigo. Que el comercio de frontera tenga un estatuto especial que recoja sus realidades. Y un especial protagonismo en las decisiones de frontera.
La coparticipación federal es casi una trampa. Ya que ha mayor coparticipación mayores impuestos y son estos los impuestos que frenan el desarrollo de las fronteras. Los recursos coparticipables (que son impuestos) ingresan a los tesoros provinciales y se gastan irracionalmente para decirlo de alguna manera, donde las políticas de frontera no tienen nada que ver. Lo que si tiene que ver son las necesidades políticas de los que mandan.
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