Pese a que hace tres años que se promulgó la ley en Santa Fe, los negocios ofrecen medidas mentirosas y quienes no responden a los estereotipos de la moda rara vez encuentran qué ponerse
La ley de talles exigió a los comercios ofrecer una variedad de talles que van del XXS al XL y pese a los buenos objetivos de la norma, las fábricas han optado por cambiar la numeración de las prendas para que se dé la idea de que hay variedad de talles cuando en realidad sólo se siguen ofreciendo los más chicos.
Sin embargo, casi no hay denuncias sobre esa situación. La defensora adjunta del pueblo, Liliana Loyola, explicó que desde el organismo entienden que “la gente no se presenta a denunciar, a veces, por vergüenza”.
Esta problemática está vinculada a los estereotipos instalados en la sociedad donde el modelo de belleza femenina se presenta como la clave para el éxito y se pone énfasis en el cuerpo y otras características a cumplir. Loyola indicó que gran parte de esa imagen se construye a través de los medios. “Hay novelas destinadas a niñas y adolescentes donde el modelo que se instala es la chica delgada que se adapta a un estereotipo que no tiene que ver con la realidad de todos los días. Lamentablemente impone a las mujeres una serie de padecimientos psíquicos que en algunos casos terminan en la bulimia y la anorexia. Esto está basado en el consumo, la imagen y poner a la mujer como objeto”, fundamentó.
La defensora adjunta indicó: “La ley de talles apuntó a liberar a la mujer (que no concuerda con el estereotipo) de no poder ir a un negocio porque pide un talle L y en realidad no es L sino S o pide un 48 que en realidad es un 44. A mi criterio no se cumple ni veo en la calle inspectores tratando de controlar el cumplimiento de la ley”.
La elección de la reina
En la provincia se realizan alrededor de 300 fiestas populares, de las cuales 180 son provinciales y nacionales. En la gran mayoría de esos eventos se elige a la reina y las princesas de los diferentes eventos y algunas, incluso, incorporaron la selección de la reina-niña, como por ejemplo la Fiesta Provincial del Sol en Romang y la Fiesta Provincial del Camping en San Guillermo.
Si bien hay que reconocer que para las comunidades es un evento muy esperado y que genera mucha expectativa no suelen recaer en las postulantes las exigencias que en eventos nacionales einternacionales de moda, por ejemplo. Sin embargo, se sigue reproduciendo –con el aval, el acompañamiento y hasta financiación de los distintos gobiernos– la idea de mujer como objeto de consumo.
“Los concursos de belleza refuerzan el estereotipo de mujer-objeto y quienes participan se imponen sacrificios y cirugías para dar cada vez más con el modelo exigido por los cánones de belleza. Y eso se traslada a otras cuestiones como la mujer-objeto de uso sexual y la naturalización de la violencia. No se discute esto, no se habla ni se transversalizan estas cuestiones de género en la educación”, explicó Loyola y aclaró: “En lo personal no estoy de acuerdo con este tipo de fiestas. Si bien creo que es diferente lo que sucede en las fiestas locales y provinciales, se sigue exponiendo a la mujer como objeto y el valor que se mide es belleza y cuerpo. Son cosas que uno tiene que sacar en esta prédica por abandonar los estereotipos”.
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