El martes pasado un niño de diez meses llegó con muerte súbita a la salita del barrio. Ante la demora de la policía científica, el coordinador del establecimiento se habría ido “maltratando” a los familiares del pequeño. La secretaría de Salud inició una investigación
Desde la secretaría de Salud confirmaron haber autorizado el relevo de Juan Molinero ante la permanencia en el lugar de una asistente social. De todos modos, definieron iniciar una investigación para esclarecer el hecho ocurrido el pasado martes.
Gladys es madre y abuela. Tiene diez hijos y varios nietos. Vive en el barrio Parque Peña en una casita de material que comparte con al menos la mitad de los suyos. En la precaria vivienda de Enrrigelet al 6300 se come y se compra lo que el dinero de las changas permite solventar. No hay lujos ni comodidades. Sólo lo justo y necesario. Es eso lo que se puede, porque es lo que hay.
El martes pasado una noticia inesperada azotó a la familia Ibáñez. Iván, el menor de los niños de Marisol, una de las hijas de Gladys, amaneció sin signos vitales. La situación consternó, como era de esperar, a toda la parentela, que en patota se dirigió hasta la salita de salud del barrio Alto Camet. La confirmación de la muerte del pequeño de diez meses aplacó las pocas esperanzas que tenían padres, tíos y abuelos. No había nada qué hacer para revivir a Iván.
Como el niño llegó muerto al centro sanitario se volvió imprescindible la presencia de un médico forense que constatara el tipo de deceso que había sufrido el menor. Es que en estos casos, no es la pediatría quien pueda firmar el acta de defunción del pequeño. Al no acontecer la defunción en la sala, es el profesional de la policía científica quien tiene que tomar intervención para ratificarla y tipificarla. De lo contrario, la médica incurriría en un delito penal.
Los familiares, más allá de tener conocimiento de esta situación, denunciaron que el coordinador del centro sanitario, José Molinero, los habría obligado a esperar fuera del establecimiento, según dijeron “por tener que irse ya que su horario se había cumplido y a él no le pagarían horas extras”.
La supuesta contestación del enfermero-jefe provocó el lógico revuelo entre los familiares y vecinos de la zona, que el viernes pasado presentaron una carta al secretario de Salud denunciando los hechos y exigiendo explicaciones. Según contó Gladys, Molinero se habría retirado del establecimiento pasadas las 16 “sin importarle lo que estaba pasando”.
Sin embargo, Alejandro Ferro y los trabajadores de la sala de Alto Camet contaron otra versión de los hechos. Aseguraron que el coordinador permaneció en el centro hasta las 17 y que desde entonces fue una asistente social la encargada de esperar por la llegada de la Policía Científica, que arribó al lugar poco después de las 17.30 y confirmó que la muerte súbita del menor.
“Esa fue una decisión de la Secretaría. Nosotros determinamos el relevo”, aclaró Ferro, que impulsó ayer una investigación formal para dar con la verdad de lo sucedido. “Todo el personal de la sala tendrá que brindar declaración, como así también todos los vecinos y familiares que hayan presenciado lo ocurrido. Tenemos que esclarecer esta circunstancia”, apuntó, pese a confirmar que a Molinero no se lo separará del cargo hasta tanto no se confirme su eventual irresponsabilidad y negligencia.
LO QUE DICE LA FAMILIA
El Atlántico visitó a Gladys en su casa. Resultó difícil llegar. Son muy pocas las cuadras que en Parque Peña están señalizadas. Por eso que la ventanilla del auto debió bajarse y subirse en más de una oportunidad. Había que consultar al vecindario dónde era que quedaba Enrrigelet al 6300.
Verónica, una de las hijas de Gladys, confirmó que la casa blanca era la buscada. Inmediatamente después, se asomaron casi todos sus familiares. Entre ellos, la abuela y madre de Iván.
Marisol prefirió no hablar. Gladys fue quien se encargó de explicar lo que ocurrió el pasado martes 3. “A eso de las cuatro de la tarde yo me traigo a mi hija a casa. Estaba mal. Y luego, mi yerno me cuenta lo que pasó: el enfermero le dijo al guardia que tenía que irse a trabajar y que a él no le pagaban horas extras. Ahí se armó una discusión con los vecinos porque no puede como enfermero y encargado del lugar decir semejantes palabras. Tal vez estaba muy nervioso porque (la policía) científica no llegaba y por eso reaccionó así. Pero nosotros no tenemos por qué pagar el plato de que el médico gane o no gane por horas extras”, razonó Gladys.
Según indicó, la queja de los Ibáñez sólo va dirigida a condenar el accionar de Molinero. “No podemos quejarnos del resto (del personal). Nos atendieron muy bien y no hicieron abandono del cuerpito, ni nada. Sólo le confirmaron a Isabel (otra de sus hijas) que no podían hacer nada para revivirlo”, aclaró, pese a considerar que no es suficiente el número de profesionales que se emplean en la sala.
Ante la cobertura mediática del hecho, Ferro se comunicó ayer por la mañana con Gladys. “Hablamos y me prometió que va a investigar el accionar del coordinador. Queremos saber por qué contestó así y por qué quería cerrar la salita. Me dijo que hará todo para que acá no vuelva a pasar nada más”, reprodujo la mujer.
“Si tenemos la salita es para que nos atiendan. Acá hay mucha gente que necesita del centro de salud y que a veces no tiene el dinero necesario para ir hasta el Materno. Por eso que queremos que se mejore la atención”, concluyó la abuela de Iván.
Por su parte, Alejandra, vecina de la familia, aseveró haber escuchado a Molinero decir que “tenía que cerrar la salita y que el cuerpito de Iván tenía que esperar afuera”. “Nos dijo que lo pusiéramos sobre una silla o dentro de auto. Además nos dijo que se tenía que ir y que a él nadie le pagaba horas extras. Se fue y ni disculpas pidió”, relató la joven, que exigió “justicia para lo que tuvo que sufrir Iván”.
LA POSTURA OFICIAL
La versión que esbozó el secretario de Salud difirió bastante de lo contado por la familia. Según Ferro, el coordinador de la sala se quedó hasta las 17, previa autorización de relevo concedida por los responsables de la dependencia municipal. En lugar de Molinero, a cargo del establecimiento quedó una asistente social que trabaja en el centro sanitario desde hace años. Fue ella quien recibió a los efectivos que trasladaron el cuerpo sin vida de Iván.
“No tenemos conocimiento de ningún caso de abandono. Tampoco de deslindamientos de responsabilidades. Acá hubo un relevo autorizado. Además, la secretaría se encargó de agilizar la llegada de la Policía”, manifestó Ferro, que descartó que el cuestionado enfermero haya confirmado las acusaciones descriptas en la denuncia de la familia.
“No tenemos previsto separarlo del cargo. Eso sería prejuzgar que actuó mal, cuando no hay nada certero o congruente. Vamos a investigar este hecho y vamos a acompañar a la familia en lo que sea necesario”, aseveró Ferro.

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