De pasar abruptamente a la caliente coyuntura política con lugar preferencial en la agenda, el tema EPAS en la capital neuquina, subió otro escalón, y desató la ansiedad alrededor de un realidad evidente en sí misma, pero con distintos enfoques según el sector político: hay un colapso del sistema de agua y saneamiento.
“No podemos poner un cartelito pintado de colorado que diga prohibido construir”, dijo este viernes 5 de abril el intendente Horacio Quiroga. No sólo volvió a destacar que el EPAS significa en estos momentos un problema, sino que buscó ponerle cifras. Dijo que parar las construcciones en Neuquén implica un perjuicio de unos 300 millones de dólares al año, que repercutirá directamente en la economía y las fuentes de trabajo.
Ante esta circunstancia, Quiroga propone una cumbre con el gobernador Jorge Sapag. “Seguramente me reuniré pronto”, dijo, después de reconocer en el mandatario a una persona y un político que respeta, y en el que confía para llegar a un acuerdo.
Con el gesto, ciertamente eludió cualquier polémica con el ministro Coco. Del ministro se ocupó el secretario de Gobierno municipal, Marcelo Inaudi, quien le aconsejó que se tomara un ansiolítico a la mañana y otro a la noche, para calmar los nervios. Pero lo importante fue lo que después reafirmó el Intendente: que la solución al evidente colapso, es política, y que debe salir de un diálogo y un proceso de acuerdo entre el gobierno municipal y el provincial.
Mientras esto ocurre, el año electoral presiona, pero sobre todo presiona el hecho insoslayable que se está hablando del servicio público más importante que deben recibir garantizado por el Estado los más de 250.000 habitantes de la capital neuquina.
Por eso, lo que dijo Coco en sus primeras declaraciones de este viernes, no debería ser tomado literalmente como algunos medios lo interpretaron. Lo cierto es que Coco habló en sentido figurado, cuando aludió a que el EPAS dejaría sin servicio de distribución a la ciudad. Eso no lo hará ni lo puede hacer el gobierno provincial y mucho menos un Ente que depende de ese gobierno.
Nadie piensa, en verdad, en interrumpir un servicio básico. Pero sí es concreto que el gobierno de Sapag –y no es el primero que lo hace, se debe repetir- evalúa seriamente “barajar y dar de nuevo” (como dijo Coco) con el EPAS y su rol en las ciudades. Esto es así sencillamente por el peso del sentido común, y de una larga historia de subsidio hacia un Ente caro, ineficiente, pero a la vez, único, monopólico. En Neuquén, si eso no se cambia, lo único que puede pasar es navegar de colapso en colapso.
Mientras, a Quiroga lo que parece preocuparle no es el desafío de tomar en manos del Municipio el servicio de agua y saneamiento; sino el cómo hacerlo. “Si se hace de manera gradual, previsible, con orden, con recursos, no hay problema”, dijo este viernes. Su gobierno ha analizado a fondo la cuestión. Y está obsesionado por la magnitud de la inversión que se necesita hacer de entrada, para equilibrar la desinversión de muchos años. Pero la solución a esto también es política. Se sabe que si hay decisión y consenso con el gobierno provincial, los fondos podrán obtenerse como financiamiento de manera relativamente fácil: hay muchos organismos internacionales y nacionales que “bancan” inversiones para agua potable y saneamiento.
Habrá que esperar el momento y la oportunidad de un encuentro entre Sapag y Quiroga. Parece necesario. Casi imprescindible, dada la magnitud del problema. Un problema que nadie puede negar, y del que pueden dar testimonio todos los días los ciudadanos neuquinos.


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