La pobreza, el verdadero desafío frente a las cifras de crecimiento

Por Daniel Fernández Canedo

La Argentina acumula un crecimiento de 64% desde 2003 y el nivel de actividad económica está 34% por encima del anterior récord histórico.

Pero esos buenos datos contrastan con los niveles de pobreza, más allá de las mediciones en las que se crea.

La desconfianza en las estadísticas oficiales tiene de que nutrirse. A pesar de sostener una baja, para el Gobierno la pobreza es de 12% , para los opositores es superior al 30% y en las mediciones privadas no baja del 23% de la población.

La ocupación y posterior desalojo del Parque Indoamericacno de Villa Soldati, más allá de la interpretación política que se le quiera dar, muestra que el crecimiento es una condición indispensable pero insuficiente para resolver el problema.

El fin de año se perfila con un aumento del consumo y las previsiones para las vacaciones proyectan una buena temporada en los centros turísticos.

Los economistas de las tendencias más diversas han acercado sus pronósticos en materia de crecimiento e inflación para el año próximo.

Opinan que la actividad económica subirá entre 5 y 7% y que el costo de vida difícilmente vaya a crecer menos de 20%, pero sin desmadre.

En realidad, es respecto de la inflación donde surgen las mayores discrepancias .

Para unos será 20%; para otros, más cerca de 30. ¿Será posible tener 30% de inflación anual sin problemas? Seguro que problemas podrán surgir pero los especialistas apuestan a que, en esta materia, el Gobierno podrá capear el temporal del año eleccionario manteniendo quieto al dólar.

Y creen que podría lograrlo porque tiene US$ 52.000 millones en las reservas.

Así podría decirse que el esquema para 2011 sería una repetición del de este año, con muchas reservas en el Banco Central, con un dólar que sube 4,4% en el año y con una inflación medida por los privados que, a pesar de ese “ancla”, ronda 25%.

De la mano de los buenos precios internacionales y del aumento de producción de soja, la Argentina está volviendo a un modelo de dólar quieto con el acento puesto en expandir el consumo .

El problema es que en algún momento el aumento de los precios se puede tomar revancha.

De hecho, está pasando con los alimentos .

Según el cálculo de Graciela Bevacqua, la desplazada directora de precios del INDEC, los alimentos acumulan una suba de 37,7% en el año.

La carne duplicó su precio y los servicios privados actualizaron sus tarifas por encima de 20% . Y todo eso pasó con el dólar quieto.

Pareciera que el carácter de “ancla” del dólar de 4 pesos tiene límites .

Desde ya que es efectivo desde el costado financiero.

Un ahorrista que obtiene 10% de tasa por un plazo fijo sabe que pierde frente a una inflación de 20 o 25%, pero también que gana si el dólar sólo aumenta 4,4% en un año.

Otra cara de la inflación es la escasez de circulante que se hizo sentir sobre el fin de semana y que, entre otras paradojas lleva a que haya dos tipos de billetes de $100 en circulación.

Ya hace tiempo los bancos le habían llevado la inquietud a la presidenta del Banco Central y le sugirieron imprimir billetes hasta de $ 500. Ahora temen por el aumento de la demanda de efectivo prevista para las semanas próximas por las Fiestas y el comienzo de las vacaciones.

Todos los diciembres la gente decide tener más efectivo en su poder. El temor del Banco Central es que esto se agudice como fenómeno coyuntural .

La respuesta en estos casos es de manual: cajeros llenos a toda hora para serenar cualquier tipo de inquietud que pudiese surgir.

La llegada del fin de año, por otro lado y en parte también por alguna escasez de efectivo, encuentra al Banco Central comprando dólares en forma fluida .

Hasta noviembre lleva comprados US$ 10.500 millones, que demuestran que la entrada de divisas por las exportaciones fue fuerte y que el Banco Central está interesado en que el dólar no baje .

Así como el Central pudo volver a comprar, el resultado de la salida de dólares llama a la reflexión.

La salida de capitales de este año rondará los US$ 11.000 millones y pone sobre la mesa el hecho de que a pesar del crecimiento, de la creencia de que no habrá cambios esenciales en materia económica y que el consumo sigue creciendo, a la hora de cuidar su dinero, una parte de los argentinos sigue pensando en las divisas .

Que en un año de recuperación y frente a un 2011 que no se prevé recesivo la salida de capitales se mantenga a razón de US$ 1.000 millones por mes llama a pensar sobre qué bases se asienta el modelo actual de incentivo al consumo.

Con la excepción de las tarifas de luz, gas y transporte quietas (implican una masa de subsidios cercana a $ 40.000 millones) y el dólar que se va retrasando, la economía no parece tener burbujas serias a explotar en 2011.

Pero la política en un año electoral y la inflación alta podrían meter la cola .

Ya está comprobado que el crecimiento por sí sólo no resuelve todos los problemas, ni mucho menos.

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