Cuatro curas de distintos barrios cordobeses cuentan cómo se convive a diario con esas dos realidades. Repasá uno por uno los testimonios.
La aclaración no es original, pero sirve para despejar miradas discriminatorias por condición social. En esta nota se buscó la opinión de cuatro curas en parroquias de barrios carenciados de los cuatro puntos cardinales de Córdoba.
Esta búsqueda no encuadra el narcotráfico y la drogadicción como exclusividad de ciertos barrios, pero no puede soslayarse que la pobreza, la ausencia del Estado y el narcomenudeo, entendiéndose éste como la forma de subsistir de tantas familias desempleadas, sí son propias de sectores carenciados.
Ahora sí, la nota: el 8 de noviembre, la Iglesia emitió un documento titulado “El drama de la droga y el narcotráfico” en el que advirtió que Argentina corre el riesgo de llegar a una situación similar a la de México y Colombia, culpó por “complicidad y corrupción” a la dirigencia política y aseveró que “poco y nada” hizo un “Estado ausente” contra esta problemática.
El documento destacó la necesidad de políticas públicas “de corto, mediano y largo alcance” en esta tarea “exclusiva e irrenunciable del Estado”. “Si la dirigencia política y social no toma medidas urgentes, costará mucho tiempo y mucha sangre erradicar a estas mafias que han ido ganando cada vez más espacio”, advirtió el presidente de la Comisión de Pastoral Social, obispo Jorge Lozano.
Se decidió entonces pedir la opinión de cuatro curas de parroquias de zonas humildes en Córdoba. ¿Llega hasta allí el Estado? ¿En qué medida llega? ¿Qué se puede hacer ante el narcomenudeo como “salida laboral”? ¿Cómo trabajar para prevenir/rescatar a jóvenes de la droga? ¿Cómo se convive con esta problemática?
Villa Azalais, en el norte. El padre Raúl Flores lleva nueve años al frente de esa parroquia. Y nos cuenta cómo se convive en ese barrio con el narcomenudeo.
Müller, en el este: La Quinta. El cura Mariano Vicente Oberlín no duda: “El mayor daño del narcotráfico es el negocio como alternativa laboral que genera. Eso provoca a su vez mucha delincuencia y ajustes de cuentas. Yo creo que es difícil salir de la adicción, pero más difícil salir de la venta”.
Villa 9 de Julio, en el noroeste. Cuatro años lleva el padre Juan Daniel Martínez al frente de la parroquia “Visitación de Nuestra Señora y San Alfonso María de Ligorio”, en Villa 9 de Julio. Más de 40 barrios con 80 mil habitantes dependen de esta parroquia que dos veces por semana funciona como un espacio de contención bautizado “narcóticos anónimos”.
Villa El Libertador, en el sur. “Mi experiencia trabajando con chicos de 11 años para arriba me dice que la droga es una realidad creciente. Que cada vez se amplían más los límites de lo que significa la adicción. Porque antes existía una suerte de conciencia de que eso te perjudicaba la salud. Ahora ya ni eso”. Lo dice el padre Santos Moyano.

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