Por Eleonora GosmanIndígenas chocaron con la policía. Se resistían a la demolición de un viejo museo.
Un sorpresivo ataque de fuerzas policiales, que utilizaron balas de goma y gases lacrimógeno para desalojar el “Museo del Indio” carioca, ocupado precisamente por una veintena de indios y de militantes de ONG´s, provocó ayer una fuerte reacción por parte de organismos de derechos humanos y hasta de sectores judiciales de Río de Janeiro. Las tropas del Batallón de Choque de la policía militar ingresaron en la “Aldea Maracaná” que habían montado los nativos para defender el Museo, un caserón de 150 años.
El gobierno de Sergio Cabral quería convertir ese antiguo predio en un futuro Museo de las Olimpíadas.
Ante las dificultades encontradas para “desalojar” el lugar –varios indígenas armados con arcos y flechas se apostaron en el techo de la estructura de piedra–, Cabral optó por la represión. A las 11.45 de ayer, su policía invadía violentamente el edificio, mientras los indios procedían a desalojarlo. Ante la acción policial, los ocupantes que tenían sus rostros pintados a la usanza de las tribus indígenas brasileñas, se sintieron humillados y resolvieron enfrentar a los soldados de la PM, con el bloqueo de la avenida Radial. Por la tarde habría nuevas refriegas, esta vez frente al edificio de la Asamblea Legislativa fluminense (el parlamento provincial). El Museo del Indio se ubica en un lugar estratégico, en Tijuca, y Cabral quiere a toda costa darle un uso “más apropiado” a los eventos programados para 2014 y 2016.
Pero la reacción policial fue extrema. Al punto que mereció fuertes críticas de buena parte de la sociedad. “La represión fue muy dura y excesiva para el número de personas que ocupan el predio” expresó el profesor André Videira, uno de los participantes. El vio como la policía arrastraba uno de los detenidos, agarrado de los pelos, a lo largo de una cuadra. La explicación para esa brutalidad fue que el hombre había “dañado” un auto policial. Hubo otros episodios que sugieren un descontrol de los agentes del batallón de choque. Uno de los policías llegó a accionar el arma que dispara un choque eléctrico, llamada “taser”.
Según un coronel de la PM, Frederico Caldas, “la policía actuó en la legalidad, mediante negociación, hasta que ellos (los indios) resolvieron incendiar la avenida y el fuego se propagaba por los árboles”.
El diputado Marcelo Freixo, del Psol, que acompañaba la movilización denunció que policías dispararon armas de fuego. “Vino un tiro por encima de mi cabeza, a los parlamentarios nos tiraron gases lacrimógenos y también dispararon contra un fiscal. No era preciso tamaña violencia. Los activistas podrían haber sido retirados sin necesidad de reprimir con la bestialidad que lo hicieron”.
El abogado defensor de los indios, Daniel Macedo, criticó también ásperamente la brutal ocupación policial. Dijo que el batallón de choque actuó en “forma arbitraria. No precisaba tanta truculencia porque los indios ya habían empezado a abandonar el lugar. Ellos habían pedido únicamente tener 10 minutos más para hacer una danza de despedida y fue justo en ese momento que entró la PM”.
La disputa por el destino que debe tener el predio se inició en octubre de 2012 cuando el gobierno de Cabral anunció las reformas que pretendía hacer en los alrededores del estadio de Maracaná. El gobernador quería que las nuevas construcciones y la reforma estuvieran listas para la Copa de Confederaciones de la FIFA programada para julio de este año. Ese acontecimiento futbolístico antecede al Mundial de 2014.
La polémica se caldeó cuando se supo que el gobernador quería transferir el estadio y sus entornos a la gestión privada, que debería construir en el lugar del museo un estacionamiento. Eso exigía la demolición de edificios que rodean al estadio, entre ellos el Museol del Indio, que ocupa 1.600 metros cuadrados. El edificio fue abandonado en 1979, pero los indios volvieron a ocuparlo en 2006 para demandar su reactivación. Ahora, el antiguo predio deberá albergar un museo bien diferente.
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