“Los días pasan y los arreglos no se hacen”, cuentan papás de chicos que habitualmente dicen presente en la manzana delimitada por Belgrano, San Martín, Rivadavia y Liliedal.
Un pozo que está al descubierto sobre la vereda de Liliedal desde hace más de 10 días, una rejilla de hierro levantada que sobresale al menos 10 centímetros sobre el nivel del piso, áreas inundadas, estructuras a las que les faltan los juegos, bancos con las tablas partidas y un tobogán clausurado desde hace varias semanas son algunas de las “particularidades” que presenta por estos días la Plaza de Niños ubicada en pleno centro de la ciudad.
“Los días pasan y los arreglos no se hacen”, cuentan papás de chicos que habitualmente dicen presente en el espacio público, que tras la última gran reforma de años atrás con poco verde ha quedado, cuestionan algunos nostálgicos.
Más allá de las apreciaciones personales, el pozo que se encuentra sobre la vereda de Liliedal (a la altura del monumento a Alem si se toma como referencia la plaza ubicada en frente), tal vez sea lo que mayor peligro genera, teniendo en cuenta la edad de los chicos que allí juegan y que muchos otros circulan en bicicletas por ese mismo sitio.
A eso se suma la cantidad de agua que se acumuló en toda la superficie tras la lluvia del miércoles por la madrugada, cuando en la ciudad cayeron poco más de 20 milímetros.
Las autoridades a cargo, por el lugar que ocupan justamente, deberían hacer una inspección e instrumentar medidas que tiendan, sobre todo, a preservar la integridad física de los más pequeños.
Sobre todo si se piensa, al menos desde lo discursivo en un año pre electoral, en el Junín que se quiere para el futuro. El que construirán las nuevas generaciones.
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