El cine argentino entró hoy en la Competencia Internacional del Festival de Mar del Plata con “Fase 7″, de Nicolás Goldbart, una comedia negra que combina ciencia ficción y terror para narrar la historia de un grupo de vecinos recluidos en un edificio de departamentos, a causa de un virus mortal que afecta al mundo entero.
Protagonizada por Daniel Hendler, Jazmín Stuart, Yayo y Federico Luppi, “Fase 7″ es una película de bajo presupuesto realizada casi íntegramente en las escaleras, el garage, la terraza, el hall de entrada y los departamentos de un edificio porteño, que es sellado y puesto en cuarentena por las autoridades sanitarias a causa de una pandemia.
“Juego con elementos del western, el terror y la ciencia ficción, pero en realidad es una comedia negra acompañada por un cóctel de mis gustos cinéfilos”, afirmó Goldbart, quien antes de debutar como director con esta película se desempeñó como montajista de filmes como “Mundo grúa”, de Pablo Trapero, y El fondo del mar”, de Damián Szifrón.
Goldbart reconoció influencias tanto de la música como del estilo del cineasta estadounidense John Carpenter (Asalto al precinto 13, La niebla, Escape a Nueva York), quien para él “es como la Biblia”, pero también admitió que otra gran referencia fue “El eternauta”, la famosa novela gráfica de H.G. Oesterheld y Franciso Solano López.
“Me divertía poder hacer El eternauta sin hacer El eternauta. Del libro me interesaba la caída del mundo tal como lo conocemos y la idea de que los enemigos pueden ser nuestros propios vecinos. Es una referencia conciente y al mismo tiempo un ingrediente más entre tantas otras influencias”, afirmó el cineasta.
La película realiza una clara crítica a la sociedad de consumo y también explora las mezquindades, bajezas y miserias humanas que afloran en situaciones difíciles o traumáticas, tal como ocurre con los vecinos del edificio en cuarentena, que viven encerrados y comienzan a desconfiar y atacarse entre ellos cuando la comida va escaseando.
“La película está llena de momentos que son terribles pero que están teñidos de humor. El humor negro estaba ya planteado desde el guión, por eso se producen risas incluso en los momentos dramáticos más terribles”, dijo Goldbart.
Y recordó: “El humor es algo que me salía de manera natural mientras escribía el guión. Uno se ríe de lo ridículo y lo terrible que pueden ser los vecinos del edificio, porque es ahí donde a veces nos podemos ver reflejado en ellos”.
A pesar de venir de haber participado y haber recibido un premio en el Festival de Cine Fantástico de Sitges y de competir ahora en Mar del Plata, Goldbart señaló que su película “está pensada para ser estrenada en multisalas y para que la gente coma pochoclos. No es una película pensada para festivales, esto que está ocurriendo es más un accidente que otra cosa”.
Para el realizador, “se hace mucho cine de género en Argentina y muchísimas películas son muy buenas, pero el problema está en que tiene que encontrarse una forma de exhibición comercial adecuada. El tema es pensar cómo esas películas pueden llegar al gran público”.
En relación a su primera película como director y al hecho de haber trabajado con actores tan diversos como Hendler, Yayo y Luppi, Goldbart dijo que “el casting tiene de rico que es como un puchero con ingredientes que es raro encontrar todos juntos en una misma película, pero que en conjunto son una combinación muy rica y explosiva”.
“La presencia de los demás actores les generaba mucho entusiasmo a los demás. Creo que a Luppi le provocó un entusiasmo mayor el hecho de actuar en una película de género y la experiencia distinta de poder trabajar con un elenco un poco inusual”, añadió el director, que debió apelar a su imaginación para lograr crear un mundo fantástico con muy pocos recursos.
En ese sentido, señaló que “tener oficio de montajista fue un beneficio. Yo editaba en cámara en algunas escenas por falta de tiempo y dinero. El montaje me ayudó a resolver las escenas desde un lugar más relacionado con el lenguaje cinematográfico
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