La DGE anunció que se destinarán 7 millones de pesos para la compra de calefactores para escuelas. En algunos casos, como La Plata, los fondos destinados no alcanzan para adquirir una estufa por cada dos establecimientos educativos.
Una aproximación a los costos del equipamiento indica que, en el caso de algunos distritos, como La Plata, con cerca de 400 edificios escolares, el monto destinado -297 mil pesos- alcanzarían para comprar hasta una estufa cada dos escuelas.
Las ofertas de calefactores a gas, disponibles en la página de cualquier cadena de las “grandes”, oscilan entre los 1.500 pesos hasta los 2.500, dependiendo de factores tales como la salida al exterior, marca y diseño, y siempre en el rango de las 5 mil kilocalorías, que es lo recomendado para ambientes de las dimensiones de un salón de clases promedio.
Con esas cifras, la compra máxima, haciendo uso de los 7 millones de pesos destinados para toda la Provincia, oscilaría en los 5.000 calefactores, sin salida al exterior y entre los más económicos del mercado, y la mínima rondaría los 2.800 artefactos, con algo más de pretensiones en su desempeño.
La compra tiene distinto nivel de impacto para la región. A La Plata llegarán 297 mil pesos, con lo cual la compra alcanzaría para adquirir entre 200 y 120 estufas. Para Berisso se destinaron 33 mil pesos, entre 15 y 30 estufas; para Ensenada 28.600 pesos, es decir entre 11 y 20 equipos.
De vuelta al caso platense, se estima que bajo la órbita del Consejo Escolar hay aproximadamente 500 establecimientos en 400 edificios. El promedio indica que a duras penas se alcanzaría, con el monto comprometido, y siendo benévolos en los cálculos, a una estufa cada dos escuelas.
Incluso si se privilegiara la economía sobre las soluciones, y se adquirieran calefactores de menor potencia, en torno a las 3000 kilocalorías, que están en el orden de los 1.000 pesos, los 297 mil pesos no alcanzarían para que cada escuela tenga al menos un calefactor.
Con un detalle: el presupuesto enviado a los Consejos Escolares incluye, además de la compra de los artefactos, la “instalación”, con lo cual el impacto de la compra sería aún inferior. Enterados de la “buena nueva”, algunos consejeros ya pusieron el grito en el cielo: “Esa disposición se hizo sin ningún criterio, con destinar fondos para comprar repuestos hubiera alcanzado en muchos casos”, se quejaron. EGM

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