Los fuertes cruces verbales entre manifestantes y quienes se habían quedado del "otro lado del corte" en la Autovía 2, hizo temer un enfrentamiento de proporciones, el que felizmente no llegó a ser tal. Fue una especie de pelea de pobres contra pobres. Desocupados y ocupados, quienes que por una rara paradoja temían pasar a la "categoría" de los primeros por no llegar a tiempo a su trabajo ,ante la imposibilidad de transitar libremente por una Mar del Plata anárquica.
La gravedad del caso es que al interrumpirse el tránsito en ese punto, Mar del Plata quedó virtualmente aislada en su egreso e ingreso, ya que el arroyo que rumbea para el mar no tiene puentes, ni caminos alternativos que hubiesen permitido eludir la protesta.
Y allí estaban. Niños, madres, personas mayores, padres desesperados y docentes con bronca , entre otros tantos, por no poder cruzar el cerco en sus vehículos. Esto hizo que los casi 500 metros equidistantes entre los piquetes, la gente tuviera que transitarla a pie, y en muchos casos seguir por varios kilómetros caminando ante la imposibilidad de contar con colectivo o auto alguno que pudiera circular.
Como ejemplo de esa anarquía que decíamos, nos queda la imagen de una abuela , que acompañada por otra mujer, se apoyaba como podía en su bastón para cruzar el puente cortado por piqueteros, que sentados en sillas de playa, interrumpían el paso vehicular.
Nadie se apiadó de la octogenaria , que caminó entre los manifestantes , para llegar al otro lado del corte, donde la esperaba un coche que la transportaría hasta un domicilio del barrio "La Florida".
En el lugar se escucharon las quejas de todo tipo y color. Insultos y amenazas. También críticas hacia el actual Gobierno que permite este tipo de "acontecimientos", los que evidentemente o no quiere, o no puede frenar.
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