Expresó el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, en la clausura del seminario "ciencias vs. pseudociencias". Expuso sobre dos de sus debilidades: la inclusión social y la ciencia. "Hay una ruptura con el centro", advirtió.
"El país tiene un 40% de excluidos y la aldea (por San Luis) también los tenía. Pero acá convocamos a todos en eso que se llamó Plan de Inclusión Social. Y entonces ese ejército de derrotados que buscaba una esperanza se abrió a una nueva vida", explicó el mandatario, quien describió el amplio abanico que cobija la exclusión: "Los discapacitados, las madres solteras, los adictos, los que estuvieron presos y no consiguen trabajo a pesar de haber pagado su deuda con la sociedad, los adultos mayores, sobre todo las mujeres, que son grandes luchadoras y los desocupados en sus dos franjas, los de más de 45 años y los jóvenes que recién salen al mercado y no tienen oportunidades".
Según Rodríguez Saá, "la ciencia justificó a los excluidos, los barrió debajo de la alfombra, los institucionalizó, un modo horrendo de esconder la exclusión". Y allí mismo arrancó con la metodología que aplicó San Luis: "Voy a poner el ejemplo del Hospital Escuela de Salud Mental, que empezamos a transformar a través de la cultura con médicos y enfermeros. Primero abrimos las puertas, después les devolvimos la personalidad, el nombre y la historia clínica a los pacientes. Y por último encontramos a sus familias y las capacitamos para que sepan cómo tratarlos", expresó. El único aplauso que cortó su alocución llegó cuando contó que un filme sobre el trabajo en ese hospital fue premiado en Trieste hace apenas nueve días.
El Gobernador está convencido de que esto que se logró con los enfermos mentales se puede trasladar a otros excluidos del sistema, como los menores que delinquen por falta de contención familiar o las madres solteras. "Un niño tiene derecho a una familia, y si la perdió a una familia sustituta, es un nuevo derecho humano. Lo único que no hay que hacer es institucionalizarlo", insistió antes de referirse al trabajo como "el gran ordenador de la persona, la familia y la sociedad".
En un plano más amplio, aseguró que "hay una ruptura con el centro", refiriéndose a una Buenos Aires, a la que ya "no hay que pedirle permiso". "La ruptura más fuerte con el centro se da en el campo de la cultura y en lo académico, ahora el conocimiento se traspasó a Internet, la biblioteca más grande de la humanidad", dijo. "El centro pasó a ser la persona, la que se sienta frente a la máquina. Por eso vamos cada vez que nos invitan a hablar del mundo digital y las nuevas tecnologías. Son un seguro contra la exclusión", finalizó.

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